miércoles, abril 18, 2007

Un año Concienciobediencia

Hace un año exactamente que habito este espacio. O, dicho de mejor forma, este espacio habita en mí. Yo, reacia a toda tecnología que pueda mantenerme más tiempo lejos de mis amigos y más cerca de mi computadora lo hice por una cuestión de moda, pues si bien los primeros escritos que lo compusieron eran un par de “artículos” que había escrito y algunos “poemas con arrugas” que guardaba, no sabía bien de que iba a tratar el blog. Lo único claro que tenía era el nombre: Concienciobediencia, era una palabra que había conocido en el poema de Jorge Enrique Adoum, que hace alusión a esas soledades concurridas de las que tanto nos habla el gran poeta uruguayo. Sin embargo, y a pesar de mi militancia con las soledades, Concienciobediencia resumía tantas cosas, aquello de crear un espacio solo por obedecer a la conciencia, tendría que, con el tiempo, responder a su origen.


Así, casi sin sentirlo, Concienciobediencia, como espacio virtual, fue más que todo una trinchera de un proceso interno sumamente fuerte. Por ponerlo de una forma, los cimientos ya estaban, solo faltaba revocar. No sé bien ahora si el espacio nació del proceso o el proceso fue motivado por el espacio, ahora no me importaría, por eso ya no trato de averiguarlo. Pues este espacio virtual no me ha quitado más tiempo con mis amigos, me ha regalado más amigos, un compañero, un cómplice, una hermana y un compadre. Y si bien, físicamente, si me ha quitado más tiempo con gente “que se pueda tocar” siento que me he ganado ese tiempo para conmigo, que me lo debía, pues debe ser el año en que más he reflexionado en mi vida, quizás por la necesidad de escribir, por las ganas de no errar, o por el simple y animal impulso de comunicar.


Con este espacio he redescubierto mi amor por las letras y mi carrera, he entendido cuán imprescindibles son en mi vida. Y pues hoy, este espacio cumple un añito. Desde el tiempo en que Concienciobediencia se autodefinió (septiembre quizás) he estado publicando solamente intentos de poemas, intentos de artículos, y uno que otro ensayo; por ahí alguna paja personal. Pues desde ahora esto ya no será así. He decidido que Concienciobediencia va a ser un espacio más privado, ósea para que ustedes público, vean/lean mi mundo privado (todo mal no?). Pues, entre tantas definiciones acerca del blog, de la era del blog, leí por ahí a alguien que decía que el blog no es más que la democratización del ego, acorde a la afirmación solo publicaré las benditas diarreas mentales que denomino poemas, ensayos, crónicas y situaciones personales.


Así pues, he decidido, con el paso de un año y mi actual cambio de residencia y emprendimiento de nuevo proyecto de vida crear otro blog. Algo así como regalarme un blog (que top no?) y cerrar un ciclo con Concienciobediencia que tanto quiero. Voy a pasar todos mis artículos al otro blog, incluso los que no son de comunicación, para dejar mi lado más personal/sentimental acá y pasar mi lado guerrero a mi alter blog (que han dicho), pero además la idea del alter blog es dedicarse completamente al ámbito académico de la investigación en lo que se refiere a la comunicación, pero específicamente a la comunicación política y a la comunicación y democracia. En un principio el blog esta bien modestito, primero por falta de tiempo y luego, como es lógico por falta de experiencia, su forma física y de contenido se visibilizarán a medida que adquiera su propia personalidad. Y, por supuesto, los posteos serán espaciados hasta que adquiera su propio ritmo y yo mi propio sitio fijo desde donde escribir(les).


Y bueno, a ustedes, mis cómplices lectores (silenciosos, susurradores, habladores y hasta gritones) muchas, muchas gracias por haber sido parte de este intento y proceso. Los espero con el mismo entusiasmo en La comunicación y sus circunstancias. Los quiero mucho familia, amigos de diario, amigos de lejos, amigos de más lejos, cada vez que me comentaban bajito y casi en clave que eran amigos de Concienciobediencia yo era un poquito más feliz y consciente de que no hay que parar un solo segundo, un solo día, una sola vida de escribir, que por/de eso vivimos, no?

(Aquí, apagamos velita, comemos anticucho, tomamos vinito y decimos Feliz Año Concienciobediencia!)

domingo, abril 08, 2007

El alma de la ciudad


(Para la Mandarina, la cofradía del cine y anexos)


Aquí mismo

ciudad de necios corazones

-que albergas mis pasos-

siempre la misma,

siempre tan distinta.


Hoy,

tu alma estaciona instantes

-como cada día-

en movimiento cíclico…


Reclama,

a los que parten.

Bienviene,

a los que llegan.


Pero hoy te detienes.

Hoy no es un día más.


Es el día,

en que apago la luz

-momentáneamente-

En que cierro la puerta

-cariñosamente-

Y dejo todo acomodado

-en su caótico orden-


Las palabras,

las noches,

el vino,

los miradores,

las cartas de poker,

los cigarros mentolados,

el alma del bosque,

las películas de terror,

las cuecas,

las lágrimas,

las risas.


Todo

(con su infaltable esencia)

se guarda celosamente

en un rinconcito

del alma de la ciudad.

Para resucitar cada noche

cuando una o más almas nuevas

encuentren los fantasmas

de la vida

que nos fue ayer.


Sin embargo,

El alma de la ciudad

Alberga solamente

El espíritu de aquellos momentos


Ya que,

cada mínimo detalle

sonrisa

lágrima

o canción

(re)vive,

diariamente.


Solamente,

en mis ojos.