jueves, enero 29, 2009

Cadáver




En las calles del bairro alto
cerca del café de dos sillas
vecino del bar gay
hay un cadáver.

Y nadie se ha enterado.

Los informes aseguran
que es un corpo novo
en esto de la mar.

A tal punto que ante la opción del suicidio marítimo
decidió por el conocido vicio como verdugo
y así morir como en casa por las calles de Lisboa.

Parroquianos han transcurrido.
cervezas y fados,
la vieja Lisboa,
los días,
saudades,
las noches.

Y nadie se ha enterado de esa muerte anunciada.

Nadie lo vela
peor, lo desvela
se ha quedado solo.
Así, al otro lado del mundo.

El peor de los suicidios en nombre del amor
la cima del castillo
donde se quedó una historia nunca vivida.

Yo,
en duelo pleno
perdiendo lo perdido.

Tome un avión/
volví a casa.

Y, de vez en cuando,
(a veces en jueves)
cuando la brisa de acantilado acaricia mi pensamiento
recuerdo al tierno amor que me acompaño
durante todo este tiempo que veo venir
pletórico de tus recuerdos.

Mientras, febrero espera en el dintel de nuestra puerta.

Lisboa, también.
.

domingo, enero 11, 2009

Vos

Voy a la casa donde no viviremos
a mirar los muros que no se levantarán.

Paseo las estancias
y abro las ventanas
para que entre el Tiempo de Ayer envejecido.

¡Si vieras!
Entre las buganvillas
cansadamente juegan
los hijos que jamás tendremos.

Yo los miro. Ellos me miran.
Mi corazón humea.
Éste es el sitio
donde mi corazón humea.

Y a esta hora,
en el balcón, callada,
yo sé que tú también te mueres
y piensas en mí hasta ensangrentarte,
Yo también pienso en ti.

Óyeme donde estés:
por esta herida no sale sólo sangre:
me salgo yo.

La casa vacía - Manuel Scorza




Eres vos y nadie más, algo dentro mío lo firma. Pero últimamente la mente y el cuerpo no han cumplido. Y ha sido medio ¡qué va¡ totalmente terrible. Y ni siquiera cuando el vino me bebe sé recordar/saborear tu nombre y padezco una insufrible nostalgia de la nostalgia de no tenerte, aquellos momentos (miles de momentos) en que eras mío sin serlo. Esas crueles noches en que nada tenía sentido más que acariciar tu pensamiento y despertar en las tiernas mañanas, acurrucada en mí, tratando de habitarte, buscando nuevas e ingeniosas formas de hacerte, de tenerte, saboreando aún el sabor añejo de las lágrimas que me bebí cuando comprendí que una más de las misiones en mi vida era la tuya.

Has logrado – a ese nivel, debo confesarlo- desposar a mi vida, generar la monogamia de mi pensamiento y romper el egoísmo de mi alma. Pudiste darle sabor a mis días más negros y cuando el día, tímido de mis radicales dolores, parecía ser un buen día, he sabido rescatar tus más negros padeceres, para equilibrar mis palpitaciones y así, permanecer. Has sabido hacerme comprender que las lágrimas devienen en risas y que las risas son paisaje premonitorio de tormentas internas. He podido estallar en vida de sólo saberte en este mismo tiempo y espacio, de sólo recordar tus intermitentes (pero firmes) abrazos.

Anoche, como testimonio de que comparto tus manos rotas, he leído algunos textos que celosamente guardaba, como pepitas de oro, de tus letras. No pude más que romper en llanto al sentir que mi corazón palpitaba de nuevo y comprendí, sin más preámbulos, que debía escribir: una, dos o más tonterías. Que, al final, somos fieles devotos de la palabra y que alguien debía salvarla.

Lo urgente, nuevamente, ha secuestrado lo importante y no he podido decirte, siquiera, lo que ya no siento. Sólo tus letras, una a una –hasta los sombreritos de las eñes- han sabido traerte de donde te me habías perdido. Pero fue inútil, sólo una brisa de tus aires recorrió mi día, luego comprendí que ya soy yo, contigo y sin ti, quien te escribe hoy, en el intento vano –luego de haberte perdido- de no perderme yo más contigo.

(Al poner punto final a este exhalar sabré si he tenido éxito…)

A veces, ya que están de moda las confesiones, siento miedo de conocerte tanto. Aún no logró dilucidar si es por qué se me abren más puertas para decirme que no te conozco nada o por qué te me agotas –si es que aquello fuera posible- Y es que en mí he podido crear una casa todos los que eres y no eres y que, además, reconozco al leer la primer letra, todos. Entonces pienso ¿habrá más abismos que recorrer? ¿los habré agotado todos? Por que desde que no necesito, ni siquiera, verte (y esto ya es hace tiempo) para saber que sientes, tengo un poco de miedo, otrora orgullo, por saber si escarbo los recovecos indicados. Hoy, miedo por pensar que se han acabado o, peor aún, que recién empiezan. Ya no tendría tiempo para tal tarea, por qué el tiempo se define en cuestión de las querencias, eso determina el poder. Querer es poder, no mentían. Para no ser dura conmigo misma te digo que, quizás, hoy, no puedo.

La gata está confundida. Yo creo que ni ella misma pensó que te extrañaría. Hoy, ella no me cuenta más de cimarrones felinos que visitan la ventana, yo, ya no sé contarle historias de un futuro incuestionable con un hombre de ojos de perro con el color del tiempo. Nada más nos queda el vidrio hacia la calle, vamos a poner, pronto, un aviso clasificado en busca de un pajarito azul, para ventana triste.

Ya no sé planear como robarte un beso. Tan mala planificadora que soy…teniéndote en mi cama, sólo sabía sonreír embobada mirándote el pelo y pensando que soñabas para construir al día siguiente. Ya no sé cómo buscar que te aflige, que preguntas te hacías, mientras yo preparaba todas las respuestas. He olvido imprimir ternura – y un poco de deseo- en mis miradas. Ya no sé de que necesitas salvarte, he olvidado, con éxito, donde guardo los salvavidas. Ya no sé completar rompecabezas con tus letras antiguas, para saber como encontrarte, pues, con ellas mismas, ya me he encontrado. Lo grave del asunto es que, encontrada en mi, luego de identificarme y amarme he sabido dejarte partir.

Y aunque algunos minutos –fulminantes- algo muy mundano me recuerda tu pelo, tus perrunos ojos, tu sonrisa eterna (incluso en el llanto), tus miedos, tus enigmas, ya estos minutos no permanecen por días, saben partir con el viento. Trato de armar el recuerdo hoy, pero bien sabes que no se recuerda lo que no se puede olvidar, aquellos momentos, han quedado, solamente, estacionados, lo que ya no sé recordar es donde.

No tienes idea de lo triste que es.