miércoles, marzo 25, 2009

Ternura

No había visto antes la verdadera imagen de la Tierra tiene la actitud de una mujer con un hijo en los brazos (con sus criaturas en los anchos brazos).

Voy conociendo el sentido maternal de las cosas. La montaña que me mira también es madre, y por las tardes la neblina juega con un niño por sus hombros y sus rodillas.

Recuerdo ahora una quebrada del valle. Por su lecho profundo iba cantando una corriente que las breñas hacen todavía invisible. Ya soy como la quebrada; siento cantar en mi hondura este pequeño arroyo y le he dado mi carne con breña hasta que se suba hacia la luz.

Imagen de la Tierra – Gabriela Mistral





Yo pensé, pero estaba equivocada.

De verdad lo creí, pero era una mentira.

Lo había amasado 27 marzos y no se acercaba siquiera.




La Mistral conocía su carne y le puso “ternura”.

Yo, que sólo llegué hasta la ilusión de su alma, le puse “esperanza”.




Se acabaron los misterios, se han abierto las puertas.

La esperanza no es él que viene, sino lo que trae consigo.

(y, los ojos que resucita en luceros).

jueves, marzo 12, 2009

No estarás solo

A veces vuelve esto, esto, lo innombrable, lo que ya no existe, vuelve con su urgencia por manifestarse, por recordarse y atropella cualquier circunstancia. Atropellada ya, no sé que decirle, desde que se fue me he vuelto una muda; manos rotas, un desastre total, pero vuelve y me exige decir, me exige escribir, sino es así se queda por días, lo conozco y es un doble filo, moviliza e inmoviliza, alegra y apena, abraza y suelta.

Dice mi autor que un sentimiento tiene que ver con la persona que somos, no sirve en todas las ocasiones en las que vamos siendo y este, el innombrable, retorna cuando ya no soy ni la sombra de lo que era; súbito y radical llega a visitar a este mudo, manos rotas, ofuscado, malhumorado y rabioso remedo de ser humano que soy algunos días, con la buena nueva de que dentro del monstruo existe, obstinada, una sonrisa: la sonrisa de que existes.

Y de repente vuelve ese manso caleidoscopio, ese tierno vaivén de infiernos y paraísos, esa radical montaña rusa de sentimientos, esa inagotable orgía de primaveras y otoños; en fin, esa linda espera tras el dintel de abril que es la vida.

Me habla también mi autor (volver a él es síntoma de una vuelta en mi) de la constante necesidad de invención de la palabra cuando, lo que realmente pasa, es que únicamente falta la palabra para que exista la realidad. Y en eso estamos, construyendo realidades, recuerdos de estas realidades, el excitante viaje al pasado, la hermosa expectativa del mañana; la mágica realidad de este día. El milagro de crecer buscando ser uno mismo. La suerte de darse cuenta. La ofrenda eterna que es la vida.

¡Qué linda promesa la incondicionalidad!. Qué fortuna conocerla de cerca. Qué riqueza tener en quien depositarla. Qué insalvable sentimiento que se hace más fuerte en su ausencia. A veces, lo confieso, pasaba noches pensando que podías estar sólo, terminaba la breve angustia y empezaba el sueño con la certeza de que eso nunca pasaría.

No estarás sólo.

Desde que nos reencontramos, yo tampoco.





jueves, marzo 05, 2009

Estrella

Cuando yo te estoy cantando,

en la Tierra acaba el mal:

todo es dulce por tus sienes:

la barranca, el espinar.


Cuando yo te estoy cantando,

se me borra la crueldad:

suaves son, como tus párpados,

¡la leona y el chacal!


Suavidades – Gabriela Mistral







A la deriva con mi trino

me perdí ayer,

hoy nunca tuve tiempo

y mañana ya era tarde.



Tú,

súbita,

única,

y total.





Habías llegado siempre.



Tras tus ojos,

he podido,

-como si de respirar se tratara-

hacer la esperanza,

como quien hace un hijo,

la esperanza amansada,

propia,

sempiterna

(…como se hace un hijo…).



Ya no pido perderme

(confieso que antes lo hacía)

si,

después de todo,

acá,

hoy,

alguien me mira y soy hermosa

alguien me afierra y soy gigante

alguien me espera y sé llegar.





Ésta estela,

con sus tres años de luz

sabrá enseñarme,

como regresar.


Pd. (En la foto la Tantita cumpleañera, la Vero Vero y un infiltrado de la CIA. Infiltrado con el que, dado el crecimiento demográfico familiar habrá que convivir algunos años más)