martes, noviembre 13, 2012

Sembrar y cosechar letras

Yolanda Bedregal nos dejó el año 1999, tres años después de su partida nacería el Premio Nacional de Poesía que lleva su nombre, el mismo que tuvo su novena edición este 2012. Yolanda de Bolivia, como le decían, fue sembradora sin duda, de lo que se conoce como modernismo literario en el país con un alto reconocimiento de su obra literaria en toda Latinoamérica. En la otra vereda, el pasado 11 de octubre conmemoramos en el país un nuevo día de la mujer boliviana que, como sabemos, tiene lugar en esa fecha debido al natalicio de Adela Zamudio quien, un siglo antes que Yolanda Bedregal,  sembró el romanticismo literario -con tintes feministas- en el país generando, aunque en menor grado, reconocimiento de nivel internacional. Lo que sí comparten ambas poetas es que en un determinado momento de la entonces República de Bolivia, sembraron lo que hoy varias poetas y literatas bolivianas cosechan y vuelven a entregar a la tierra, a la historia, a las letras.

Adela Zamudio

Un claro ejemplo de ello es Hilda Mundy, aquella deslumbrante y feminista escritora orureña, de quien Virginia Ayllón señala “en el momento de su auge (el vanguardismo), tales corrientes se asentaron en una orureña y un libro. Ésta no es una constatación del todo feliz, ya que marca una extrema soledad, aunque esta calidad haga brillar a la escritora y su obra en un confuso mundo literario nacional de entonces” (*). Acá un pequeño fragmento de su poema XXIV que se encuentra en Pirotecnia, su único libro en vida:

Ya murió la época en la que a una mujer se la comparaba metafóricamente a una sirena…a una estrella…o una flor…
En la parquedad del tiempo actual ya no se le puede aplicar el adjetivo pasado de moda: “Seductora”.
Los suspiros…los desmayos en pose artística…los brotes románticos en las noches de luna…se fueron junto a los calzados de elástico y lengüeta…
El espectáculo más “abracadabrante” en este siglo del automóvil y del amor en oro americano…sería un suicidio de pasión…con la ridiculez de una carta póstuma.
Hoy es distinto…hay adelanto…hay fenómeno.
La mujer fichada en 1936-37 se siente sufragista…chauffeur…aviadora…locomotriz…concertinista…
boxeadora.

Otro ejemplo es la obra poética de Matilde Casazola, la entrañable poeta y cantautora chuquisaqueña, de quien Julia Elena Fortún en 1988  comentó “(…) surgió una joven voz profundamente poética y de gran inspiración musical, Matilde Casazola, que retomó, con gran respeto, los hilos básicos de nuestras pequeñas formas musicales tradicionales, sin rebuscadas deformaciones y fue capaz de elaborar temas artísticos que dan nueva vida y proyectan nuestra tradición. Cuecas, bailecitos, yaravíes y wayñus precisaban esta inyección vital altamente artística para que nuestro pueblo -y los de más de allá de nuestras fronteras como ya sucede- siguieron vibrando con los cantos de la tierra. Y éste, en mi concepto, el gran aporte de nuestra poetisa-compositora” (*). Acá, como muestra, su breve poema La noche abrupta:

Dolor
viejo dolor
sin remedio.

Yo sabía
antes
canciones niñas
para alejarte.

Pero tú las aprendiste de memoria

y ahora todo lo sabes,
dolor
viejo dolor
de la barba profética.

Otro ejemplo es la obra de Claudia Peña, aquella fresca investigadora, narradora y poeta cruceña, de quien Giovana Rivero comenta en su libro El evangelio según Paulina, “(…) reconozco con admiración sincera que tu narrativa es dulcísima, más no por eso menos desgarradora. Denuncias, ironizas, te ríes, gozas, te diviertes, coqueteas con tus personajes varones, los seduces y ni siquiera hay poses en tus párrafos, quizás cierto exceso propio de todo escritor y toda escritora que se vacía en su primera vez.” Acá un pequeño fragmento de su poema El rito:

A veces mi cuerpo se abre
para guarecer a un hombre
(hay hombres que arriban
sensibles / gigantes / perdidos).

A veces también confundo
ternura de vientre con verdad
(esa extraña costumbre que tienen
de desaparecer los hombres).

Mientras están, a veces no consigo
atrapar sus olores, el sabor.

Apenas puedo, cuando se han ido, reconstruir
su transcurrir de jadeos y mi deseo.

Es así que lo que comparten estas tres poetas citadas, en tres distintos momentos, desde tres distintos lugares, es aquella colecta de letras de otros tiempos (otras poetas) y la poesía-literatura que sembraron en generaciones siguientes. Este año, el premio Yolanda Bedregal ha sido declarado desierto pero, a pesar de ello, una joven poeta, Verónica Delgadillo, ha recibido una de las menciones de dicho premio con su obra Las tejas de Job y, bajo su iniciativa (y, por supuesto, en clave de cosecha-siembra) es que, junto a otras curiosas-amantes de la poesía, está optando por recuperar algunas voces femeninas de la poesía nacional para que, mediante el uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación, se puedan registrar audiopoemas de poetas bolivianas de todos los tiempos y posibilitar que estén disponibles en el ciberespacio, a través del proyecto Mujeres: Voz y letras, que inició el pasado 9 de octubre y que busca arar el camino por el cual transitan esas voces actuales que cosechan lo otrora sembrado, mirando siempre, la cosecha que está por venir. Como en las letras, en la historia, en las mujeres: como en la naturaleza.

(*) Ambas citas extraídas del blog Diccionario Cultural Boliviano: http://elias-blanco.blogspot.com
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Esta nota fue publicada originalmente en el número 3 de la revista Identidades 2.0 del Ministerio de Culturas, que pueden consultarla en su versión digital aquí: http://issuu.com/minculturas/docs/identidades_2.0_no3