martes, octubre 21, 2008

Ensayo al olvido


Ensayo al olvido
Autora: Sarelisa Rodríguez
www.sarelisa.com



Mi bienquerido cómplice, el único:


Han pasado tantos siglos en pocos meses que a veces me cuesta descifrar las claves que la vida me está mandando (o quitando) o, por último, sentarme a entender que está pasando. Comienzo por el regreso, para imprimir la certeza de que nunca me he ido, pero no estaba hasta hace algunos días. Y acá hay algo importante de lo que me he dado cuenta en este volver, dicen que todo pasa por algo, creo que es cierto. ¿Cuál es la medida?¿Cuáles los porqués? No tengo la más mínima idea, supongo que uno lo averigua con los (d)años encima.

En el último tiempo, muchas de estas mañanas en que el sol me apunta a la cara o el viento sopla mis oídos me he preguntado: ¿me habré muerto anoche? Y me recorre un frío en la espalda, pensando que mi pensamiento puede ser cierto y que esto es simplemente un sueño o un recuerdo. Pero, creo que básicamente he entendido que la voluntad no es tan grande como lo que realmente dirige al mundo: la suma de las voluntades. Ni siquiera la solitaria voluntad es capaz de matarse a sí misma, es decir: nadie se muere por que quiere ¡ni aunque lo quiera con todas las ganas! no se le puede decir al corazón que pare de latir, ni a la sangre que deje de circular, ni a los pulmones que dejen de respirar. La vida es tan compleja que se ha encargado de crearnos ¡dentro de cada uno de nosotros! un dispositivo de control de vida, no sólo uno, miles, cada una de las cositas que físicamente nos componen tienen una labor determinada para salvaguardar el ir y devenir (incesante) de la fe. Es como que la luz, la luz interna, estuviera resguardada por miles de guardiancitos (físicos) dispuestos a dar batalla cuando esta se acaba y mantener en pie a algo…algo que difícilmente se parece a un ser humano pero que –ya quien sabe cómo- late; hasta que la luz vuelva a prenderse y, poco a poco, retorne a su ciclo de intermitencias fulminantes en el sentir, a veces con mucha, a veces con poca intensidad. Por qué bien sabrás, las intermitencias de la fe son sólo balas, a veces de plomo, a veces de ternura.


He pensado mucho en nosotros, sobre cada una de las pequeñas cositas íntimas que compartimos y sobre las gigantes complicidades en las que nos sometimos por el simple devenir de nuestra no-historia. Atesoro dos, tres cositas simplemente; si bien nuestra no-historia fue diminuta/dinamita está claro que mi memoria no es mala, simplemente no es. Pero hay alguna especie de memoria-piel que trasciende todo tipo de memorias y es aquella que va haciendo tatuajes por capas en la piel, tatuajes invisibles, imborrables que son, simplemente, fulminantes, devastadores, son como cable a uno mismo. Aparecen cuando uno se está yendo por otros caminos, tomando otros sentires en la soledad del eje del ser y de repente todo se alinea para hacer brillar estos tatuajes: el sol, la mirada clara, el resto de los sentidos y florece la memoria de la piel y en este caso no se revive el momento, sino se lo vive; no se recuerda, por que no se puede recordar lo que nunca se olvida. Es un fenómeno tan extramundano como cotidiano. Demasiada alquimia, pero existe, ocurre.


Y tras un paseo por el cementerio de lo que pasó, lo que pasa y lo que no pasará, pero está pasando, me di cuenta de lo importante que es este aprendizaje. En realidad, vamos confesando, desde que decidí empezarlo ha pasado tanto tiempo y en todo este tiempo tenía como fin único seducirte, debo confesar que me apasionan tus caderas y que algo desastroso pasa con mi coordinación cuando miro tus ojos, confieso también que me seduce tu juventud y tus palabras que son un arsenal para hacer todo tipo de batallas; aunque en un principio, estaba apasionada por tus lágrimas. Es probable que no lo recuerdes por qué estabas muy dormido en aquél 2005 (esa noche y todo el año), te acurrucaste en mi pecho, me dijiste que te daba paz y llorabas; desde ese día debo confesarlo (y esto es imparable) he conocido la tristeza ¡cuanta tristeza cabía en tus ojos de perro!. Besé el resto de tus lágrimas que se escurrían de tus ojos mientras te aferrabas a mi pecho, tenía tantas ganas de llorar, tenía tanta sal en los labios, pero no recuerdo más, te dejé durmiendo y tú sólo sabías pedir disculpas. Quién sabe que rayos pasaba por tu cabeza que tantas veces me pediste disculpas por quererme, cuando en realidad el que perdía eras tú; te ibas perdiendo un poquito para meterte en mí. Yo soy la que debería pedir disculpas, por qué me he adueñado de ti sin tu consentimiento; pero eso tú lo decidiste al entregarte, y esta era una entrega sin derecho a devolución, entregaste tus claves y tus códigos, las llaves para abrirte el pecho; pecho que por fuera no reconozco muy bien -como debería ser lo normal- pero que domino casi con maestría por dentro, pues sé que, cómo y cuando te duelen las cosas con sólo cerrar mis ojos y acudir al alma. O, al menos pensé que lo sabía, ya no sé muy bien…


El aprendizaje también ha mutado, pero he tenido buenas noticias últimamente. Supongo que antes de que vengamos a esta tierra hemos sido asignados con algún alma guardián en algún lado del mundo. Parece ser que él es mi guardián hoy, el nuevo camino de esta ruta, tengo tantas ganas de hacer magia y parece que en sus ojos sé hacerla, no estoy muy segura; este asunto es mucho más complejo, voy a pensarlo con más calma, dejar un ratito de sentirlo y empezar a masticar la idea de que quizás esto que escribo es de verdad, aunque confieso que no puedo, esto, sea lo que sea, está pasando y no lo puedo parar. Pero soy capaz de hacerme a un lado cuando empiece la guerra, aún no me he recuperado del cansancio, he gastado toda mi artillería y cuesta mucho reconstruirla, pero eso no quita que en el horizonte, con los ojos grandes y la esperanza eterna me esperen…me espere, me esperes.


Mientras, los laberintos se quedan fijos, los caminos se reconstruyen, las señales van resucitando. Voy a dejarte tendido en la eternidad que es, al fin y al cabo, donde perteneces, donde te puedo extender, con todo lo poquito (infinito) que me diste para toda mi vida, tengo el poder de hacerte y de tenerte, ya te llevo en mis ojos. Cuanta luz había en este querer, miro para atrás y no hay una sola sombra, un solo bache; fui bastante inteligente y desprendida para administrar este amor que, luego -¡traidor!- simplemente, terminó administrándome a mí, pero está siendo generoso, poco a poco me va devolviendo mis territorios, dejando atrás los tuyos, dejando en mí, los nuestros.


A veces me da la impresión de que no me recuerdas mucho, o sea, en aquél momento, en aquél lugar, donde todo era aprendizaje, ese proyecto de ser tuya; quizás es tu forma de que yo no exista demasiado o quizás, simplemente no ocurre por qué la vida pasa demasiado deprisa que, con suerte, nos deja apenas transitarla, ser vecinos de ella, pero no habitarla, no hacerle el amor hasta morirse y resucitar en/por ella en un mismo minuto. Eso era vivir. ¿Será eso vivir?.


A veces te cuento demasiado. Perdón, es una forma de recordarme, autoconvencerme que eres lo mejor que me ha sido en la vida y de que, a partir de ti, soy la mejor de las que he sido en mi vida. ¿Habrá sido eso amor? Ni hablar, nunca te amé. Lo que yo siento por ti sencillamente no tiene espacio, tiempo o peor aún: nombre.

Te dejo un suspiro y media sonrisa.

Pd. pssst, oye, hoy, yo también tuve ganas de llorar todo el día, rompí como a las 20 horas.

4 Comentarios:

At 9:16 a. m., Blogger utópico dijo...

cuanta nostalgia!~!!! dios mio, me ahogue un poquito....

besos!!

 
At 10:40 a. m., Anonymous Luis dijo...

Bonita tu nostalgia voló hasta aquoi. Imagino tu emocion me hubieras visto ni yo me la pude creer....hiciste faltra pero estuviste jajajaja creeme que si.....

dile a la cucha que te cuente, sino...

 
At 12:49 p. m., Blogger César venegas dijo...

Vero, le confieso que no he leído su post... sólo he pasado a saludarle, yo a veces la recuerdo (no siempre, usted sabe, para que mentir) cuando me tomo una michelada con cerveza indio o cuando extraño (tal vez como usted, regresar al df) prometeo volver y leerla, a usted y sus textos... un abrazo muy muy fuerte desde México...aca, donde la vida no vale nada

 
At 10:44 p. m., Blogger La Vero Vero dijo...

Diego: Grave de miedo ¿no? Si supieras cuán ahogada viví yo ese tiempo, y el fondo, compay, el fondo era precioso...

Lui: ¿te refieres a lo que creo que te refieres? jé! No hice falta querido, porque estuve ahí. Con la Cucharilla yo no nadie, jé! Besos.

César: Créeme que me pasa lo mismo aunque acá las miches no son con Indiio, imagino que tu hijo debe estar creciendo y tu ocupado en la hermosa misión de ser papá ¿no? Estaré más pronto que tarde en México y allá podremos tomarnos una en persona, que vaya un abrazo hasta allá y renovemos los textos, hacen falta tus letras. Saludos!!!

 

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