Vero Vero!!!! Nuevamente, volteo a ver, más por curiosidad que por otra cosa; sabía que voltear pretendiendo que alguien me llamaba a mi era ilusionarme falsamente, pues eso sólo podría pasar, quizás, en La Paz y zas! la Chumi y la Mena, sentadas tres filas tras de mi y yo. Hey!!!! sonrío, hacemos un par de señas ridículas y empiezo a trepar las pequeñas e incómodas sillas para sentarme a su lado, esperemos que no venga nadie; con la Mena no nos veíamos hace años con lo que lanza su comentario preciso: si quedábamos para vernos, no nos veíamos weona. Tiene razón.
Nos ponemos al día con dos, tres cosas y se apagan las luces mientras la gente sigue llegando y acomodándose, grito desesperado de las compañeras chilenas; difícil distinguir si el que iba a entrar era Luismi o Drexler, recuerdo el fiasco que me llevé en Queretaro al ver a Delgadillo, me cargó tanto el público que terminé peleándome con el cantautor, hasta ahora no nos hemos reconciliado…Pero no era Drexler! Eran Paulinho Moska y un chango más que no me acuerdo, Moska es buenísimo tienen full energía y el otro chango no se queda atrás, al parecer Drexler los admira mucho y ellos tienen que hacer de teloneros c´est la vie, algunos se venden más y otros menos, pero eran considerablemente buenos, luego de derrochar tres canciones en el escenario, una mezcla entre bossa nova y rock, algo muy urbano, nos dejan con las puertas abiertas para el uruguayo.
Cha chan!!!!! Nuevamente el gritito muy a lo RBD y entra el mismísimo Drexler, guapísimo, se ve exquisito, un ternito negro muy sencillo y una humilde sonrisa de niño; había leído en alguna entrevista que uno de los objetivos de la presentación de este su disco “lado B” consistía en recuperar los sonidos y explorar en la música, así como recuperar la solemnidad del escenario, muy a lo Zitarrosa, se apaga el Caupolicán y todos, pero TODOS sacan su celular y apuntan al artista, flash tras flash, celulares arriba; yo, que sólo uso mi celular para hablar me quedo pensando que ya estaría bueno comprarse una maquinita, sin embargo creo que no la usaría, no me gusta que exista un filtro entre la realidad y yo, quería que esto sea entre él y yo, con suerte (y más que todo por necesidad) mis lentes estaban entre nosotros.
Empieza con unos acordes poco rebuscados, al tiro uno podía reconocer que se trataba de “me haces bien” y de repente todo el público se envuelve a hacerle el coro y, obviamente, emocionados empezamos con las palmas, mucha intensidad. El uruguayo se va dando cuenta de que hay que establecer las reglas del juego, pues se trata de un público muy intenso, aunque imagino que siempre lo hace así, y terminada la canción nos pide que nos ordenemos, que orientemos nuestra emoción a seguirlo, en vez de los aplausos, con unos chisqueos de los dedos (¡durante todo el concierto!) ya que lo desconcentraba tanta bulla, ahora, él es súper coloquial para hablar y tremendamente simpático, no había como decirle que no, o pensar que aquello era portarse pesado con el público, luego de reír tuvimos que acceder a hacerlo y limitarnos a seguirlo en los coros.
En general se nota que Drexler es un tipo súper inteligente, organiza rápido sus ideas y las expresa con muchísima claridad y simpatía es, definitivamente, exquisito; me encanto en él, algo que admiro muchísimo y que trato de practicar, fracasando con éxito constantemente en ello, y se trata de la economía de palabras. En su discurso mediato e inmediato todo tiene un propósito y un por que; a pesar que su discurso de forma total es un discurso simple y común, él logra complejizar las ideas en su simpleza absoluta y, definitivamente, comunica. Así, los tránsitos entre canción y canción eran un cuento aparte, no podría decir que se trata de profundos abismos de filosofía como los de mi novio Pedro (Guerra) o directos y explícitos mensajes como los de mi amigo Pedro (Aznar) son más bien algo así como capsulas de una claridad de pensamiento que lo envuelve.
Ya habíamos pasado por “Eco”, “Sea”, “Causa y efecto”, “Salvapantallas”, “Se va, se va, se fue” y se le ocurre invitar a las personas que tocaban con él (¿?) es decir, era evidente que estaba tocando sobre pistas preconstituídas, pero ¿eran estas en vivo? Tal cual, invita a un argentino y a un catalán que lo apoyan en estas labores y esa fue, a mi parecer, la parte más simpática del concierto, en los ojos de un músico aquello hubiera sido una odisea, a los míos era el trío más tierno del mundo. Uno de ellos tocó algo así como un sensor con las manos, la forma en que lo tocaba era como los vasos esos que están llenos de agua, algo así, sobre una especie de tablero que generaba un ruido medio cósmico al acercarse a él, maestría total el tipo en lo que fuere que aquello se llamaba; el otro tocó algo así como una calculadora gigante cósmica (si está leyendo bien) y hacía soniditos muy lindos: ti ti ti ti tiiiiiiii (esos de “Princesa Bacana”) Drexler, por el otro lado, tocaba la guitarra y el hacía las ecualizaciones en cuanto dejaba la nota pendiente, como la guitarra era electroacústica, podía sacar un sonido medio natural pero tirado a guitarra eléctrica, manteniendo la nota con un sintetizador y no sólo esa joyita, sino que, además, tocaron una canción en italiano, una canción muy antigua, de letra hermosa y sencilla. Definitivamente parecían la banda de los supersónicos en la Italia de Mastronianni.
Drexler es de discurso sencillo, realmente pensé que podría estar más cercano a él; no digo que me encuentre lejano, pero más que un compañero fundamental creo que es un gran contador de historias, un amigo, un cuate al que se admira. Su lógica es totalmente actual y esto, definitivamente pega, si tuviera que definirlo podría ser como un cantautor cosmopolita y es que en ningún otro o ninguna otra he notado el discurso tan nacido en el eje de las enormes interrogantes y pequeñas certezas que nos otorga la globalización; su misma historia da cuenta de aquello y se entiende que sus canciones, totalmente vivenciales, puedan servir de espejo a una sociedad posmodernista, globalizada y tecnológica. Quizás ahí está la explicación de la cantidad de jóvenes que acudían a él; sin embargo Drexler está claramente en su lucha, como una, y quizás ahí me identifiqué mucho con él; su lucha personal –esa que es de igual a igual con uno mismo- por recuperar los rastros del pasado, al final, en el centro Drexler es un tradicionalista nostálgico en las olas de una sociedad que no para y si bien no creo que reme tan fuerte contracorriente, creo que la tiene clara. Si ya sé, podría contar más del concierto, lo haré, pero está es la impresión más fuerte que me llevo de él, cosas que uno sólo percibe en conciertos.
Así entre chasqueos de dedos y coros que repetía el público –todas las canciones las terminábamos nosotros- haciendo juegos con Drexler que hacía sus solos mientras nosotros repetíamos las frases últimas de cada canción, transcurrió un concierto brevísimo (bueno, fueron 2 horas pero pasaron como si nada) y muy divertido. Hay conciertos que son intensos, otros más bien melancólicos, este era más bien terapéutico; de no ser Drexler el cantautor que es bien podría dedicarse a ejercer su carrera de médico, él mismo es como una terapia Zen, imagino que por eso pide tanta solemnidad del público, él mismo es parsimonioso y acertado.
El final fue lo mejor, entre que terminaba con “Todo se transforma” dejó a todo el público entusiasmado y después de tremendo bailón que nos pegamos, cantando a todo pulmón, comienza la típica “otra, otra” o “una más y no jodemos más” y sale Drexler con sus músicos, todos tenían una copa de vino, deja que lo aplaudamos de pie y se toma seco su copa de vino y toma la guitarra, viene “Guitarra y vos” y otra más y cada vez va subiendo más la emoción, nuevamente se despide; pero el público chileno se empecina “otra, otra” y luego de unos buenos minutos, Drexler vuelve a salir, con otra copa de vino, la cual se seca nuevamente y toma la guitarra, viene “Don de fluir” última bailongueada y se vuelve a ir; pero el público insiste reiteradamente y a Drexler no le queda más que salir con sus músicos nuevamente, todos ellos con su copa de vino y el con la suya rellenada, luego de tomarse seco la suya, se toma la del argentino, la del español y la de alguien más que estaba ahí: 4 secos de vino!!!!! Ni una hace eso, toma la guitarra y toca, ahora si, la última canción, se retira bailando y saltando jé ¿mínimo, no? Pero el público insiste nuevamente y ahora si pasan buenos minutos, casi 10, y la gente no se mueve, sale Drexler ya con pantalón y chompita (sin vino, claro, si ya se lo había secado todo) y se queda agradeciendo y hace señas de que no podía tocar, nos estaban corriendo del lugar, pinche boliche!
Y así, nos fuímos, luego de una noche de haber transitado entre los discos de Drexler y sus canciones más conocidas. Un concierto notable, sin duda, él es un tipo inteligentísimo, buen artista, sin embargo no alcancé a agarrarle el cariño necesario; no me malinterpreten es que aún no me ha dado el “compañerismo” que demando de mis autores; definitivamente no somos contemporáneos de espíritu, creo que él es un poco más adolescente o más viejo que yo, no estoy segura. Nada segura.
Pd 1. Están los videitos del concierto que les cuento, en el primero se oye lo que nos dijo de los aplausos y los silencios: nos llamó la atención, en el segundo nos hace acompañarlo con los chasquidos de las manos y en el último se nota el coro del público, en la canción "antes" de hecho, si escuchan bien estamos la Chumi y yo cantando, jé!