Mariposas

Lo siento mucho. Perdón. Aunque digas que escribirte es una perdida de tiempo, no puedo seguir así. Trato y trato de terminar este trabajo y no puedo, no dejo de preguntarme ¿dónde estás? ¿cómo? Imagino que estás como cada domingo-noche, hecho pelota pero risueño, botado en la cama con el control en una mano y el libro de poesía en el otro, has debido –como yo- tratar de comerte al mundo en domingo y darte cuenta, nuevamente, que no se puede. ¿Cómo somos tan necios en ello? Y tan inconsecuentes. Un día el mundo cabe en la palma de la mano (después de una borrachera, entre sábanas) y otro día es tan inagotable que gastamos nuestra vida planeando minuciosamente donde y como nos encontraremos en las próximas vidas para continuar con nuestros respectivos legados. He pensado al respecto. No es precisamente que quiero que sigamos siendo amantes que, por el resto de los siglos de los siglos se amen, no. Es algo más complejo. A veces pienso que en la próxima vida prefiero ser tu verduga, o tu gato; o, mejor aún, la amante que destruye tu perfecto matrimonio y come de a pedacitos las sobras de tu amor bien publicitado, como sea, por eso pienso (a veces) que es mejor que no planeemos nada. Pero te empecinas y te empecinas y nuestro inventario de códigos para reconocernos es ya demasiado extenso. No sé si podré recordar tanto tras mi muerte, digo, morirse debe tener también sus cosas, que sé yo, una buena reseteada. Es una tontería que te cuente esto en domingo, pero es mi forma de pitufar la vida mientras mastico tu ausencia, que le vamos a hacer…sucede que anoche (sí, anoche) y anteanoche y antes de anteanoche he encontrado alguien que tiene una sonrisa muy parecida a la tuya (se le nota, sobretodo en la comisura izquierda). No es precisamente que sea idéntica, pero he notado que sonríe como vos cada vez que le lanzo un piropo. Así que a eso me he dedicado estas tres noches que me has dejado sola. Yo te advertí, no me abandones mucho que los resultados son terribles. Pero no es para tanto. Sus brazos no dan el mismo calor que los tuyos. Es demasiado flaco, así que su ombligo no encuentra el mío en cada abrazo. De los besos no te voy a ni contar, sigues siendo mi maestro zen en ello. Es músico. Sí, seguro ya sabías aquello, que puedo hacer son mi debilidad; tengo debilidad por los músicos así como tengo debilidad por ver tu rostro que no me hace caso cuando estás terminando una novela. Pero el tipo está más loco que una yegua; lleva más de 10 años detrás de la misma persona. ¿Pensará que eso es realmente amor? Acuérdate de nosotros, una pasadita y listo. Bajar la guardia un segundo y entregar la vida al siguiente. Cerrar los ojos y al abrirlos darte cuenta que nunca, nada más, volverá a ser lo mismo. Así, súbito, fulminante, natural, fluído. No te hubiera esperado ni un segundo más, ni tu a mi, lo sé, lo sabes.


Kamchatka : Un lugar para resistir.

5 Comentarios:
Lejos. Tengo que estar lejos para conquistarte. Qué insufrible condena.
Se convierte en un laberinto donde ya no sabes quién va tras de quién. Saludos con sabor a México, besos mi niña.
Linda, a veces te pones taaaaaaaan pero taaaaaaaaaan linda jajajja besos
L.
aaaauch.... y yo que tambien tengo algun karma con los musicos... son mi debilidad y tambien una condena eterna... ufaaaas Verito que letraaaas......... (y no son puntos suspensivos, son lagrimas)
besos
Dios, es lo más bonito que he leído en mucho tiempo.
Cómo es el amor. Cómo viene y va. Cómo buscamos en otros labios, los labios de la persona que amamos.
Un beso
Publicar un comentario
<< Home