Sembrar y cosechar letras
Yolanda Bedregal nos dejó el año 1999, tres años después de su
partida nacería el Premio Nacional de Poesía que lleva su nombre, el
mismo que tuvo su novena edición este 2012. Yolanda de Bolivia, como le
decían, fue sembradora sin duda, de lo que se conoce como modernismo
literario en el país con un alto reconocimiento de su obra literaria en
toda Latinoamérica. En la otra vereda, el pasado 11 de octubre
conmemoramos en el país un nuevo día de la mujer boliviana que,
como sabemos, tiene lugar en esa fecha debido al natalicio de Adela
Zamudio quien, un siglo antes que Yolanda Bedregal, sembró el
romanticismo literario -con tintes feministas- en el país generando,
aunque en menor grado, reconocimiento de nivel internacional. Lo que sí
comparten ambas poetas es que en un determinado momento de la entonces
República de Bolivia, sembraron lo que hoy varias poetas y literatas
bolivianas cosechan y vuelven a entregar a la tierra, a la historia, a
las letras.

Adela Zamudio
Un claro ejemplo de ello es Hilda Mundy, aquella deslumbrante y
feminista escritora orureña, de quien Virginia Ayllón señala “en el
momento de su auge (el vanguardismo), tales corrientes se asentaron en
una orureña y un libro. Ésta no es una constatación del todo feliz, ya
que marca una extrema soledad, aunque esta calidad haga brillar a la
escritora y su obra en un confuso mundo literario nacional de entonces”
(*). Acá un pequeño fragmento de su poema XXIV que se encuentra en Pirotecnia, su único libro en vida:
Ya murió la época en la que a una mujer se la comparaba metafóricamente a una sirena…a una estrella…o una flor…
En la parquedad del tiempo actual ya no se le puede aplicar el adjetivo pasado de moda: “Seductora”.
Los suspiros…los desmayos en pose artística…los brotes románticos
en las noches de luna…se fueron junto a los calzados de elástico y
lengüeta…
El espectáculo más “abracadabrante” en este siglo del automóvil y
del amor en oro americano…sería un suicidio de pasión…con la ridiculez
de una carta póstuma.
Hoy es distinto…hay adelanto…hay fenómeno.
La mujer fichada en 1936-37 se siente sufragista…chauffeur…aviadora…locomotriz…concertinista…
boxeadora.
Otro ejemplo es la obra poética de Matilde Casazola, la entrañable
poeta y cantautora chuquisaqueña, de quien Julia Elena Fortún en 1988
comentó “(…) surgió una joven voz profundamente poética y de gran
inspiración musical, Matilde Casazola, que retomó, con gran respeto, los
hilos básicos de nuestras pequeñas formas musicales tradicionales, sin
rebuscadas deformaciones y fue capaz de elaborar temas artísticos que
dan nueva vida y proyectan nuestra tradición. Cuecas, bailecitos,
yaravíes y wayñus precisaban esta inyección vital altamente artística
para que nuestro pueblo -y los de más de allá de nuestras fronteras como
ya sucede- siguieron vibrando con los cantos de la tierra. Y éste, en
mi concepto, el gran aporte de nuestra poetisa-compositora” (*). Acá,
como muestra, su breve poema La noche abrupta:
Dolor
viejo dolor
sin remedio.
Yo sabía
antes
canciones niñas
para alejarte.
Pero tú las aprendiste de memoria
y ahora todo lo sabes,
dolor
viejo dolor
de la barba profética.
Otro ejemplo es la obra de Claudia Peña, aquella fresca
investigadora, narradora y poeta cruceña, de quien Giovana Rivero
comenta en su libro El evangelio según Paulina, “(…) reconozco
con admiración sincera que tu narrativa es dulcísima, más no por eso
menos desgarradora. Denuncias, ironizas, te ríes, gozas, te diviertes,
coqueteas con tus personajes varones, los seduces y ni siquiera hay
poses en tus párrafos, quizás cierto exceso propio de todo escritor y
toda escritora que se vacía en su primera vez.” Acá un pequeño fragmento de su poema El rito:
A veces mi cuerpo se abre
para guarecer a un hombre
(hay hombres que arriban
sensibles / gigantes / perdidos).
A veces también confundo
ternura de vientre con verdad
(esa extraña costumbre que tienen
de desaparecer los hombres).
Mientras están, a veces no consigo
atrapar sus olores, el sabor.
Apenas puedo, cuando se han ido, reconstruir
su transcurrir de jadeos y mi deseo.
Es así que lo que comparten estas tres poetas citadas, en tres
distintos momentos, desde tres distintos lugares, es aquella colecta de
letras de otros tiempos (otras poetas) y la poesía-literatura que
sembraron en generaciones siguientes. Este año, el premio Yolanda
Bedregal ha sido declarado desierto pero, a pesar de ello, una joven
poeta, Verónica Delgadillo, ha recibido una de las menciones de dicho
premio con su obra Las tejas de Job y, bajo su iniciativa (y,
por supuesto, en clave de cosecha-siembra) es que, junto a otras
curiosas-amantes de la poesía, está optando por recuperar algunas voces
femeninas de la poesía nacional para que, mediante el uso de las nuevas
tecnologías de información y comunicación, se puedan registrar
audiopoemas de poetas bolivianas de todos los tiempos y posibilitar que
estén disponibles en el ciberespacio, a través del proyecto Mujeres: Voz y letras, que
inició el pasado 9 de octubre y que busca arar el camino por el cual
transitan esas voces actuales que cosechan lo otrora sembrado, mirando
siempre, la cosecha que está por venir. Como en las letras, en la
historia, en las mujeres: como en la naturaleza.
(*) Ambas citas extraídas del blog Diccionario Cultural Boliviano: http://elias-blanco.blogspot.com
Esta nota fue publicada originalmente en el número 3 de la
revista Identidades 2.0 del Ministerio de Culturas, que pueden
consultarla en su versión digital aquí: http://issuu.com/minculturas/docs/identidades_2.0_no3


Kamchatka : Un lugar para resistir.

1 Comentarios:
Hola Vero. Soy Ramiro de México. Solo buscando.
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