jueves, enero 24, 2008

Se fue un Ángel

Qué tipo tan Oviedo
qué Quevedo tan fieramente humano
qué cónclave de sol
¿quién dijo miedo?

Qué caracol
qué padre tan hermano
qué singular tan made in Espronceda
que rosario de bares con esquinas.

Dice ¡vámonos ya!
…pero se queda…
qué arquitecto,
qué master en ruinas.

Qué Arcángel de la guarda
tan González.
Qué imán
qué bien me sabe nuestro ahora.

Que carita de plata de cabrales,
qué bucanero anarcotraficante
mellando los puñales de la aurora
¡Qué savoir faire!

Qué caballero andante.

(Joaquín Sabina)




12 de enero. Era sábado. Yo llovía y llovía. Buscando que excusa cuadraba con aquél sifonamiento. Mientras, en Madrid, mi Ángel sorprendía la luz de lo desconocido con su propia luz. Volvía, iba a donde pertenecen los ángeles. Repetía, una vez más, el placer de morirse sólo para homenajear a todo aquello que estaba vivo, cómo siempre lo había hecho. Sólo que esta vez no tenía planes de volver.


Ya Sabina lo dijo, nos quedamos huérfanos de este padre tan hermano. Mi entrañable poeta de 82 años rezaba:


Vivir para ver: ¡joven poeta de cuarenta años!
¿último logro de la geriatría?
No; retrasado mental, sencillamente.


A veces sólo le quedaba en el alma hambre, en la mesa pan y en el tintero: sangre...


¿Sabías que un papel puede cortar como una navaja?

Simple papel en blanco,
Una carta no escrita

Me hace hoy sangrar.


Bien se dice de él que dignificó la derrota. Vaya logro, incluso para los adictos al suelo, nos es difícil decir que la derrota es digna. Mago de letras, supo bien mirar, varias veces al desgano, a la muerte de frente.


No en el lugar del pacto
no en el de la renuncia
jamás en el dominio de la conformidad
donde la vida se doblega ¡nunca!


Y, aún, así creía en la reincidencia. Desafiaba pisar el mismo río de incertidumbre, deseaba beber de la misma derrota, quizás más adelante. Sabía bien, que todo, TODO, valía la pena.


Si yo fuese Dios
haría lo posible para ser Ángel González
para quererte tal como te quiero
para aguardar con calma
a que te crees tu misma cada día
para que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida
con tu propia luz…


Alguna mañanas despertaba confuso (quizás luego de algunos excesos de tango) cuando se sentía “irresistiblemente atraído –por oscuras razones- hacia ciertos lugares muy mal iluminados”. Buscaba evocarse, pero tampoco se extrañaba.



Cuando escribo mi nombre,
Lo siento cada día más extraño.

¿Quién será ése?
-me pregunto.
Y no sé que pensar.

Ángel.

Qué raro.


Tatuado llevo en el espíritu su invicta consigna de vida, aquella que se sabe sin esperanza, sino con convencimiento.



No es bueno repetir lo que está dicho
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:

nada es lo mismo.

Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.


Mi poeta guardián se ha ido. Ángel me cuida, ahora más que nunca. Me vigila la rabia, la ternura y la esperanza. No le pienso fallar.


* Todas las letras en cursivas pertenecen, por supuesto, a Ángel González (1925-2008). El video es en Gijon, cantando Tangos con su amigo Joaquín Sabina.

3 Comentarios:

At 1:14 p. m., Anonymous Anónimo dijo...

Vero Vero: que triste noticia la que nos dejas, no me había enterado hasta venir por acá. Vamos perdiendo a los grandes.

Un fuerte abrazo solidario.

Mónica (desde Guadalajara)

 
At 12:03 a. m., Blogger CUCHITA dijo...

una gran perdida realmente

 
At 2:21 p. m., Blogger La Vero Vero dijo...

Monica: Hace rato que no te leía por acá, que lindo regreso para acompañarnos en esta triste partida. Se va yendo una generación, es cierto. Un abrazo hasta la recordada Guadalajara.

Cuchita: Una tremenda pérdida la del omnipresente Ángel. Un abrazo

 

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