lunes, julio 14, 2008

Drexler



El año pasado no fue. Yo estaba recién llegada y mi amiga Mena me llama para preguntarme si me animaba a ir a ver a Drexler, yo tenía clases con Manuel A. Garretón lo cual implicaba que tremenda locura era sencillamente imposible ¿quién se daría el lujo de perderse una clase de Garretón? Aparte, 17.000 pesos (35 dólares) son mucho para una estudiante recién llegada. Ni modo.

Pero después de los comentarios del año pasado, no pasaría otra vez, no señor. Ese tal señor Drexler y yo debíamos volver a vernos la cara, debo admitir que cuando lo ví teloneando a Aute, en un concierto público, en Madrid, no me llamó mucho la atención, corría el 2001 y a mis 19 añitos no cachaba mucho acerca de la música de este uruguayo que recién comenzaba a sonar en el otro continente. Como siempre, o más bien, como últimamente, decidí ir al concierto sola, cada vez me da más lata andar planificando y esperando las ganas y decisiones de la gente, aparte, yo conmigo coordinamos bien la velada, siempre estamos de acuerdo en que acaba en el fondo de una botella de vino. Eso si, cuando salgo sola siempre ando cuidándome de no encontrarme con nadie, no vaya a ser que en una de esas tenga que salir con quien me encuentre y me deje plantada a mi misma. Eso, en Santiago, pasa con más facilidad, digamos que conozco a unas 40 personas, difícil encontrarlas en un teatro como el Caupolican y en una ciudad como Santiago; así, me fui solita al teatro.

Grande el Caupolicán, aún así no me fue difícil encontrar mi asiento (ciento y tantos) cada vez me vuelvo más experta en ser emigrante, las cosas grandes ya no me asustan y me manejo fácil hablando como shilena po. Así me senté en mi sillita, incómodas las sillas; imagino que alguien como mi amigo Edgar no hubiera aguantado más de 10 minutos, no se podía estirar las patas, y eso que yo soy cortita, pero ni bien estaba sentada la otra silla raspaba mis rodillas; al parecer, hace algún tiempo remodelaron el teatro y lo ampliaron poniendo sillas sobre el cemento, la jugada les salió pésima, uno de los concierto más incómodos a los que he asistido; bueno, ni modo, me pusé el mp3 en el oído y Vivanko cantaba “Negrita” (su primer disco es, definitivamente, inagotable) y yo miraba a la sociedad chilena yendo y viniendo, jóvenes, viejucos, pokemones, emos, harto punky, miles de pelolais, definitivamente Drexler tiene un público súper jóven, me pregunto si la gente que lo conoce lo conoció por la radio o, como yo, a través de la búsqueda de música latinoamericana ¿lo habrán conocido antes del Oscar, o después? ¿sabrán bien la historia con Antonio Banderas? ¿estarán enterados que es Uruguayo? ¿Sabrán que llegó a España por convocatoria de Sabina? ¿Sabina who? yo y mis prejuicios, cada vez me cuesta más entender a los adolescentes y, definitivamente no me entiendo con los viejos; pero, aún así, no me siento joven…entre este enredo y otros estaba pitufando existencialmente de lo lindo y de repente escucho: Veroooo Veroooo, dentro mío pienso ¿cuántas Veros habrán en el mundo? Que nombre más común…obviamente no pienso voltear, no vaya a ser que piensen que pienso que alguien me está llamando ¿quién va a llamarme si nadie me conoce? Nuevamente, Veroooo Verooooo. Pucha, encima la mina está se hace llamar como yo: Vero Vero, pobrecita, capaz si la encuentran en la calle la confunden conmigo, me río conmigo, sinceramente a mi me parezco muy graciosa y mi conmigo la pasa chancho cuando me pongo a pitufar este montón de pelotudeces.




Vero Vero!!!! Nuevamente, volteo a ver, más por curiosidad que por otra cosa; sabía que voltear pretendiendo que alguien me llamaba a mi era ilusionarme falsamente, pues eso sólo podría pasar, quizás, en La Paz y zas! la Chumi y la Mena, sentadas tres filas tras de mi y yo. Hey!!!! sonrío, hacemos un par de señas ridículas y empiezo a trepar las pequeñas e incómodas sillas para sentarme a su lado, esperemos que no venga nadie; con la Mena no nos veíamos hace años con lo que lanza su comentario preciso: si quedábamos para vernos, no nos veíamos weona. Tiene razón.

Nos ponemos al día con dos, tres cosas y se apagan las luces mientras la gente sigue llegando y acomodándose, grito desesperado de las compañeras chilenas; difícil distinguir si el que iba a entrar era Luismi o Drexler, recuerdo el fiasco que me llevé en Queretaro al ver a Delgadillo, me cargó tanto el público que terminé peleándome con el cantautor, hasta ahora no nos hemos reconciliado…Pero no era Drexler! Eran Paulinho Moska y un chango más que no me acuerdo, Moska es buenísimo tienen full energía y el otro chango no se queda atrás, al parecer Drexler los admira mucho y ellos tienen que hacer de teloneros c´est la vie, algunos se venden más y otros menos, pero eran considerablemente buenos, luego de derrochar tres canciones en el escenario, una mezcla entre bossa nova y rock, algo muy urbano, nos dejan con las puertas abiertas para el uruguayo.

Cha chan!!!!! Nuevamente el gritito muy a lo RBD y entra el mismísimo Drexler, guapísimo, se ve exquisito, un ternito negro muy sencillo y una humilde sonrisa de niño; había leído en alguna entrevista que uno de los objetivos de la presentación de este su disco “lado B” consistía en recuperar los sonidos y explorar en la música, así como recuperar la solemnidad del escenario, muy a lo Zitarrosa, se apaga el Caupolicán y todos, pero TODOS sacan su celular y apuntan al artista, flash tras flash, celulares arriba; yo, que sólo uso mi celular para hablar me quedo pensando que ya estaría bueno comprarse una maquinita, sin embargo creo que no la usaría, no me gusta que exista un filtro entre la realidad y yo, quería que esto sea entre él y yo, con suerte (y más que todo por necesidad) mis lentes estaban entre nosotros.



Empieza con unos acordes poco rebuscados, al tiro uno podía reconocer que se trataba de “me haces bien” y de repente todo el público se envuelve a hacerle el coro y, obviamente, emocionados empezamos con las palmas, mucha intensidad. El uruguayo se va dando cuenta de que hay que establecer las reglas del juego, pues se trata de un público muy intenso, aunque imagino que siempre lo hace así, y terminada la canción nos pide que nos ordenemos, que orientemos nuestra emoción a seguirlo, en vez de los aplausos, con unos chisqueos de los dedos (¡durante todo el concierto!) ya que lo desconcentraba tanta bulla, ahora, él es súper coloquial para hablar y tremendamente simpático, no había como decirle que no, o pensar que aquello era portarse pesado con el público, luego de reír tuvimos que acceder a hacerlo y limitarnos a seguirlo en los coros.

En general se nota que Drexler es un tipo súper inteligente, organiza rápido sus ideas y las expresa con muchísima claridad y simpatía es, definitivamente, exquisito; me encanto en él, algo que admiro muchísimo y que trato de practicar, fracasando con éxito constantemente en ello, y se trata de la economía de palabras. En su discurso mediato e inmediato todo tiene un propósito y un por que; a pesar que su discurso de forma total es un discurso simple y común, él logra complejizar las ideas en su simpleza absoluta y, definitivamente, comunica. Así, los tránsitos entre canción y canción eran un cuento aparte, no podría decir que se trata de profundos abismos de filosofía como los de mi novio Pedro (Guerra) o directos y explícitos mensajes como los de mi amigo Pedro (Aznar) son más bien algo así como capsulas de una claridad de pensamiento que lo envuelve.

Ya habíamos pasado por “Eco”, “Sea”, “Causa y efecto”, “Salvapantallas”, “Se va, se va, se fue” y se le ocurre invitar a las personas que tocaban con él (¿?) es decir, era evidente que estaba tocando sobre pistas preconstituídas, pero ¿eran estas en vivo? Tal cual, invita a un argentino y a un catalán que lo apoyan en estas labores y esa fue, a mi parecer, la parte más simpática del concierto, en los ojos de un músico aquello hubiera sido una odisea, a los míos era el trío más tierno del mundo. Uno de ellos tocó algo así como un sensor con las manos, la forma en que lo tocaba era como los vasos esos que están llenos de agua, algo así, sobre una especie de tablero que generaba un ruido medio cósmico al acercarse a él, maestría total el tipo en lo que fuere que aquello se llamaba; el otro tocó algo así como una calculadora gigante cósmica (si está leyendo bien) y hacía soniditos muy lindos: ti ti ti ti tiiiiiiii (esos de “Princesa Bacana”) Drexler, por el otro lado, tocaba la guitarra y el hacía las ecualizaciones en cuanto dejaba la nota pendiente, como la guitarra era electroacústica, podía sacar un sonido medio natural pero tirado a guitarra eléctrica, manteniendo la nota con un sintetizador y no sólo esa joyita, sino que, además, tocaron una canción en italiano, una canción muy antigua, de letra hermosa y sencilla. Definitivamente parecían la banda de los supersónicos en la Italia de Mastronianni.




Drexler es de discurso sencillo, realmente pensé que podría estar más cercano a él; no digo que me encuentre lejano, pero más que un compañero fundamental creo que es un gran contador de historias, un amigo, un cuate al que se admira. Su lógica es totalmente actual y esto, definitivamente pega, si tuviera que definirlo podría ser como un cantautor cosmopolita y es que en ningún otro o ninguna otra he notado el discurso tan nacido en el eje de las enormes interrogantes y pequeñas certezas que nos otorga la globalización; su misma historia da cuenta de aquello y se entiende que sus canciones, totalmente vivenciales, puedan servir de espejo a una sociedad posmodernista, globalizada y tecnológica. Quizás ahí está la explicación de la cantidad de jóvenes que acudían a él; sin embargo Drexler está claramente en su lucha, como una, y quizás ahí me identifiqué mucho con él; su lucha personal –esa que es de igual a igual con uno mismo- por recuperar los rastros del pasado, al final, en el centro Drexler es un tradicionalista nostálgico en las olas de una sociedad que no para y si bien no creo que reme tan fuerte contracorriente, creo que la tiene clara. Si ya sé, podría contar más del concierto, lo haré, pero está es la impresión más fuerte que me llevo de él, cosas que uno sólo percibe en conciertos.

Así entre chasqueos de dedos y coros que repetía el público –todas las canciones las terminábamos nosotros- haciendo juegos con Drexler que hacía sus solos mientras nosotros repetíamos las frases últimas de cada canción, transcurrió un concierto brevísimo (bueno, fueron 2 horas pero pasaron como si nada) y muy divertido. Hay conciertos que son intensos, otros más bien melancólicos, este era más bien terapéutico; de no ser Drexler el cantautor que es bien podría dedicarse a ejercer su carrera de médico, él mismo es como una terapia Zen, imagino que por eso pide tanta solemnidad del público, él mismo es parsimonioso y acertado.

El final fue lo mejor, entre que terminaba con “Todo se transforma” dejó a todo el público entusiasmado y después de tremendo bailón que nos pegamos, cantando a todo pulmón, comienza la típica “otra, otra” o “una más y no jodemos más” y sale Drexler con sus músicos, todos tenían una copa de vino, deja que lo aplaudamos de pie y se toma seco su copa de vino y toma la guitarra, viene “Guitarra y vos” y otra más y cada vez va subiendo más la emoción, nuevamente se despide; pero el público chileno se empecina “otra, otra” y luego de unos buenos minutos, Drexler vuelve a salir, con otra copa de vino, la cual se seca nuevamente y toma la guitarra, viene “Don de fluir” última bailongueada y se vuelve a ir; pero el público insiste reiteradamente y a Drexler no le queda más que salir con sus músicos nuevamente, todos ellos con su copa de vino y el con la suya rellenada, luego de tomarse seco la suya, se toma la del argentino, la del español y la de alguien más que estaba ahí: 4 secos de vino!!!!! Ni una hace eso, toma la guitarra y toca, ahora si, la última canción, se retira bailando y saltando jé ¿mínimo, no? Pero el público insiste nuevamente y ahora si pasan buenos minutos, casi 10, y la gente no se mueve, sale Drexler ya con pantalón y chompita (sin vino, claro, si ya se lo había secado todo) y se queda agradeciendo y hace señas de que no podía tocar, nos estaban corriendo del lugar, pinche boliche!

Y así, nos fuímos, luego de una noche de haber transitado entre los discos de Drexler y sus canciones más conocidas. Un concierto notable, sin duda, él es un tipo inteligentísimo, buen artista, sin embargo no alcancé a agarrarle el cariño necesario; no me malinterpreten es que aún no me ha dado el “compañerismo” que demando de mis autores; definitivamente no somos contemporáneos de espíritu, creo que él es un poco más adolescente o más viejo que yo, no estoy segura. Nada segura.
Pd 1. Están los videitos del concierto que les cuento, en el primero se oye lo que nos dijo de los aplausos y los silencios: nos llamó la atención, en el segundo nos hace acompañarlo con los chasquidos de las manos y en el último se nota el coro del público, en la canción "antes" de hecho, si escuchan bien estamos la Chumi y yo cantando, jé!

Pd 2.
Dejo el dibujito de Liniers ya que es la impresión que me deja Drexler y su cosmopolitanismo; si es que Liniers no es fanático de Drexler –cosa que dudo- estoy segura de que se identificaría mucho con él, dado que yo creo que se puede ubicar en el mismo lugar que Johansen y, como sabemos, Liniers y Johansen son ultra amiguis.

7 Comentarios:

At 7:43 p. m., Blogger ERICK dijo...

Qué ganas de haber tomado un bus hasta Chile po.

Qué lindo concierto, siento que estuve ahí por un ratito con tu relato.

Drexler es un capo, con esas letras, melodías y progresiones mediante su voz cuenta historias tan pecualiares como contar el informe médico de una “Fractura de escafoides tarsiano derecho”

Un abrazo hasta Santiago !

 
At 6:03 a. m., Blogger CAPSULA DEL TIEMPO dijo...

Envidia total!!!!!!

Esito nomás.

 
At 1:44 p. m., Blogger NiNoSkA NoGaLeS dijo...

que delicia Drexler!!!!
Gracias por compartir un poquito mucho del concierto!!!...
un abrazote

 
At 4:05 p. m., Blogger RONALDO dijo...

Q envidio no haber estado ahí... ya será en otra oportunidad. Salud por el maestro.

 
At 11:48 a. m., Blogger Ego Ipse dijo...

Oye maestra, sé que soy un odioso por recordarte esto, pero... pero... te estás olvidando de que faltaste a una clase de Garretón cuando fuimos a otro concierto ;-).

 
At 11:33 p. m., Blogger Fille de la Lune dijo...

Lo ví en el gran rex en Buenos Aires, en la misma gira, con las mismas frases, los mismos pedidos, retornos, canciones. Casi podría decir las mismas sensaciones.

Yo sí siento que puedo decir que Jorge Drexler es mi cantante favorito, un tipo tan sencillo e inteligente...

Cuando se olvidó la letra de don de fluir dijo: "Ay, perdón, es que ustedes son un público muy importante y estoy nervioso"... Hermoso!

Gracias por la crónica, me hiciste revivir uno de los mejores conciertos de mi vida. :D

 
At 2:07 a. m., Blogger La Vero Vero dijo...

Erick: Yo me sentía medio culpable. Lo disfruté harto y me emocioné un montón, pero salí con un concepto claro de Drexler que no combina con lo que busco y pensaba en la mucha gente que si lo hace, bua! (bien ridícula, no?) Es un capo, exactamente. Otro abrazo!

Vania: no me digas que eso colaboró con las piedritas...jé!

Nino: De nada! me entretengo escribiendo las crónicas, como no tengo cámara y mi memoria es pésima, es mi única forma de recordar los detalles, otro abrazote!

Ron/aldo: Seee, seguro lo ven. Lo bueno es que está joven y famoso, ya habrá oportunidad. Salud!

Dani Dani: Si, lo sé. Pero hay pues una gran diferencia. Aute vino 3 veces en su vida a Chile. Drexler vino tres veces en lo que yo estoy acá! jajajaja no hay donde perderse.

Fille: Uh!!!!! lo tuyo no tiene comparación. De hecho sólo el Gran Rex es un concierto ya. Ahí los ví a Les Lethuiers de la chiripa más chiriposa del mundo, imagínate! Que bueno que te gustó la crónica, me alegro mucho de verdad que tanta letra sirva de algo y los felicito por llegar hasta el final jajaja. Saludos

 

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