Nuestro 16º lugar
Las buenas nuevas en torno a la democracia en Bolivia, usualmente son pocas. La última publicación de Reporteros sin Fronteras (RSF) anuncia que el irreverente y malportado corazón de América del Sur (léase nosotros) ocupa un cómodo lugar 16 en el ranking de países que gozan de libertad de prensa. Que tal? Primeritos hablando de naciones latinoamericanas.
Veamos un poco de que trata este rankeo. Data del año 2002, se lo realiza a través de un cuestionario, que es llenado por miembros afiliados a dicha organización (periodistas, comunicadores, juristas, defensores de los DDHH, instituciones que trabajan por la libertad de prensa) en los que se evalúa temas que van desde la muerte, persecución, amedrentamiento, clausuras injustificadas de medios, hasta aspectos legales (leyes, normas, decretos, instancias judiciales) que velan por la libertad de prensa en cada país del mundo. Los espacios que ocupó Bolivia cronológicamente son los siguientes: (2002 – 48º lugar, 2003 – 51º lugar, 2004 – 76º lugar, 2005 – 45º lugar, 2006 – 16º lugar).
La noticia es buena, sin duda. Y las repercusiones interminables. La peculiaridad viene del asunto aquél de que hay que defender aquello que está en peligro. Todo bien. En este caso la libertad de prensa, por eso la creación de instancias como los Reporteros sin Fronteras.
Pero que pasa cuando estas instancias se vuelven escudos de empoderamiento, y este empoderamiento se torna peligroso para los otros actores del suceso comunicacional de cada día, en este caso, el estado, y los consumidores (ojalá ciudadanos totales)? Que debemos hacer? Instancias de defensa de aquello que esté en peligro? Es decir, la dignidad, la inteligencia, la gobernabilidad, la democracia (¡!) por mencionar algunos.
Es cierto, existen los derechos humanos y entre ellos el derecho a la información y a la comunicación vienen emergiendo cada vez con más fuerza, sin embargo en la práctica –y también en teoría- los mismos funcionan para proteger al ciudadano (consumidor de información) del estado. La pregunta: y al estado, quién podrá defenderlo? Es que el estado necesita, ante los sucesos actuales que alguien lo defienda?. Vaya cuestionamientos.
Que curioso y paradójico. Bolivia se ve hacia fuera como el primer país latinoamericano en el que el poder constituido (objetivo) no amedrenta la libertad de prensa de los medios de comunicación y de sus actores. Sin embargo hacia adentro sigue rodando la interminable rueda, que a la cabeza del poder no constituido (subjetivo) amedrenta constantemente no solo al estado, sino también el espacio social y político del ciudadano, cuando no al ciudadano mismo.
Un afiche de Reporteros sin Fronteras dice lo siguiente: “Al ritmo con que matan a los periodistas en Irak, muy pronto tendrán que ir ustedes mismos a buscar la información”, es cierto hay problemas – y serios- con la libertad de prensa en el mundo. Pero los flamantes primero no abusemos pues, no vayamos al suicidio, que en este libre país conozco más de uno que va en busca de información por si mismo. Libertad de decencia, la llaman. De todas formas buenas noticias, uno hasta les cree, pues no es raro que seamos de los primeros en el rankeo “sin fronteras”, porque literalmente -y salvando excepciones-, no las tenemos.
Veamos un poco de que trata este rankeo. Data del año 2002, se lo realiza a través de un cuestionario, que es llenado por miembros afiliados a dicha organización (periodistas, comunicadores, juristas, defensores de los DDHH, instituciones que trabajan por la libertad de prensa) en los que se evalúa temas que van desde la muerte, persecución, amedrentamiento, clausuras injustificadas de medios, hasta aspectos legales (leyes, normas, decretos, instancias judiciales) que velan por la libertad de prensa en cada país del mundo. Los espacios que ocupó Bolivia cronológicamente son los siguientes: (2002 – 48º lugar, 2003 – 51º lugar, 2004 – 76º lugar, 2005 – 45º lugar, 2006 – 16º lugar).
La noticia es buena, sin duda. Y las repercusiones interminables. La peculiaridad viene del asunto aquél de que hay que defender aquello que está en peligro. Todo bien. En este caso la libertad de prensa, por eso la creación de instancias como los Reporteros sin Fronteras.
Pero que pasa cuando estas instancias se vuelven escudos de empoderamiento, y este empoderamiento se torna peligroso para los otros actores del suceso comunicacional de cada día, en este caso, el estado, y los consumidores (ojalá ciudadanos totales)? Que debemos hacer? Instancias de defensa de aquello que esté en peligro? Es decir, la dignidad, la inteligencia, la gobernabilidad, la democracia (¡!) por mencionar algunos.
Es cierto, existen los derechos humanos y entre ellos el derecho a la información y a la comunicación vienen emergiendo cada vez con más fuerza, sin embargo en la práctica –y también en teoría- los mismos funcionan para proteger al ciudadano (consumidor de información) del estado. La pregunta: y al estado, quién podrá defenderlo? Es que el estado necesita, ante los sucesos actuales que alguien lo defienda?. Vaya cuestionamientos.
Que curioso y paradójico. Bolivia se ve hacia fuera como el primer país latinoamericano en el que el poder constituido (objetivo) no amedrenta la libertad de prensa de los medios de comunicación y de sus actores. Sin embargo hacia adentro sigue rodando la interminable rueda, que a la cabeza del poder no constituido (subjetivo) amedrenta constantemente no solo al estado, sino también el espacio social y político del ciudadano, cuando no al ciudadano mismo.
Un afiche de Reporteros sin Fronteras dice lo siguiente: “Al ritmo con que matan a los periodistas en Irak, muy pronto tendrán que ir ustedes mismos a buscar la información”, es cierto hay problemas – y serios- con la libertad de prensa en el mundo. Pero los flamantes primero no abusemos pues, no vayamos al suicidio, que en este libre país conozco más de uno que va en busca de información por si mismo. Libertad de decencia, la llaman. De todas formas buenas noticias, uno hasta les cree, pues no es raro que seamos de los primeros en el rankeo “sin fronteras”, porque literalmente -y salvando excepciones-, no las tenemos.




Kamchatka : Un lugar para resistir.








