Y sucedió. Silvio lo creyó en 1968 y lo afirmaba el 2007. Quiénes lo conocemos sabemos que el no cantaría una canción “de a gratis”, lo cuál hizo más gratificante aún escuchar, en su propia voz, decirle al cono sur que: “La era esta pariendo un corazón”.
Un nuevo abrazo tropero – El viaje y la gritarreada
Partimos el lunes 19 de febrero, mis compañeros de viaje: Claudia Daza, Cristhian Benítez, Mario Ramírez y Daniel Mattos. Tanto el Dani como yo llegaríamos medio resfriados y quemados, luego de haber pasado el fin de semana en Oruro. No importarían mucho las ojeras o el cansancio, pues ni bien llegando a El Alto ya habríamos planificado la próxima película que harían los chicos de Negro y Blanco: un thriller acerca del pepino asesino; esto luego de ver a un muñeco vestido de pepino ahorcado en una gasolinera, con tanta tintes de justicia comunitaria en los diarios no pudimos evitar preguntarnos: ¿Será una advertencia acerca de lo que se les hace a los pepinos pandilleros borrachines en carnavales?.
Las risas abundaron durante todo el viaje, las historias carnavaleras, los amores, las cervezas, las tonadas. Llegamos a Puno (y si algunos creen que La Paz es un pañuelo, créanme, el mundo lo es) así vimos subir al bus a Lauren y a Johan de Venezuela, viajamos juntos hasta Lima, comimos choclo con queso, vimos 5 o más películas (entre ellas estrenos como Babel), dormimos, seguimos charlando, cantando Silvio, emocionados por lo que nos esperaba. Para Claudia, Dani y Lauren sería la primera vez que lo verían y si bien el resto ya lo habíamos visto, nunca son suficientes las veces para verlo; ese momento ninguno sabía lo que nos esperaba. Siro nos espero en la Terminal, abrazos, maletas, taxi, cigarros, llegamos a la casa de Siro donde nos quedaríamos casi todos. Los Negro y Blanco se fueron con Claudia a la casa de Piero Montaldo (un cantautor peruano). Descansar y bañarnos, pero al rato ganas de ver más tropa, que si habían llegado, que donde estaban.


La gente empieza a llamar, quedamos en la noche, en la casa de Siro, una guitarreada tranquis. Llegaron gentes y abrazos, conocer y reconocer a la gente, los ecuatorianos que llegaron por montones, abrazo a la Vane y conocer a Lenin, a todos los nuevos troperos ecuatorianos. Llegaron los peruanos que conocía: Martín, Julio Alvaro, Piero, Guille; las que no conocía: Denise, Natalie y la sorpresa desde Cuba: nuestro Carlitos León (a quién Silvio denominaría el trovador inédito, días después). Más abrazos, cervezas, piscos, aquella noche no fue una guitarreada, fue una gritarreada y apenas era la primera noche.
La tropa espera a Silvio – Ya llegamos todos
El miércoles llegaría el resto de la tropa boliviana: Sergio Antezana y Vero Delgadillo, quedaríamos con el resto de ir a comer cosas de mar, jalea y esos bichitos, llegamos y ya estaban ahí nuevos rostros por abrazar: Oscar, Myriam. Luego de una ronda de interesantes conversaciones y ocurrencias de Carlitos León por un lado y de chistes auspiciados por el Dani en el otro, terminamos –quizás sin darnos cuenta- tragando groseras cantidades de bichos de mar; al Dani y a mi nos daría alergia (no sabemos si a los bichos o al smog) poco a poco la Vero Vero empezaría a perder la voz. Todos esa noche queríamos cuidarnos un poco, pues al día siguiente Silvio nos merecía en las mejores condiciones; extrañamente Myriam no fue a la descarga de la noche anterior y no pensaba ir a la de esa noche porque quería cuidar la voz, supusimos todos que habría concierto de ella pronto.

Así, entre paseos y más cervezas, cigarros y cantos decidiríamos ir en la noche a Barranco a conocer ese barrio (los que no lo conocían) y a tomar una cervecita. Nos encontramos con algunos troperos, otro grato encuentro: mi querida Giova Larco, con la última vez que nos habíamos visto había sido en Panamá (¡) en extrañas situaciones; otro abrazo y más conversaciones. Aquella noche con los ecuatorianos acerca de los modismos de todos los países: Perú, Ecuador, Bolivia. La cuota de humor la pondría el Marito Ramírez al imitarnos tan bien a los paceños (a los paceeeeeeeeeeeeños) , después de demasiadas risas y algunas cervezas nos iríamos a dormir para el día siguiente ver a Silvio.
Perú ha esperado por años el regreso de Silvio – La magia de ser tropero
Los días en la casa de Siro son asunto aparte, el despertar (o que te despierten) entre risas, desayunar juntos. Recuerdo bien despertar cada mañana y escucharlo al Dani y al Johan cantar Silvio, desde la más complicada hasta la más difícil, todo el día en la casa sonaba Silvio, todo el día en todo lado reíamos.
Nos fuimos a almorzar y a comprar algunas cosas que nos faltaban, entre eso nos damos cuenta de que a ningún genio de la tropa boliviana se le ocurrió llevar una bandera de Bolivia, así que fuimos a hacer una bandera, después de tanto correteo en medio del calor, lograríamos hacer dos. Cansados, volveríamos a la casa a alistarnos, pues toda la tropa debía encontrarse ahí para ir juntos al Jockey.

Seis de la tarde y la gente empieza a llegar, más abrazos con la gente que no habíamos visto, puros nervios, empezamos a tomar taxis, no sin antes brindar por lo que nos esperaba, con un vinito. Llegamos al Jockey, había tropa por todo lado, más abrazos postergados: Gis (mi hermana halcona), mi Jorgis, Patty, los Berolatti, el Marquitos, mi Kike, Lina. Entramos con el Dani y nuestra banderita, nos dimos cuenta de que estábamos súper cerca, llegaron dos personas a nuestro lado: Lauren y Johan estaban ahí merito. Era al aire libre, que lindo, podríamos fumar un cigarrito y escuchar a Silvio en vivo. ¿Qué más se puede pedir? Empieza el concierto. El orden de las canciones fue el siguiente.
- El escaramujo
- En el claro de la luna
- El papalote
- Judith
- Sinhué
- El día en que voy a partir
- Son desangrado
- La era esta pariendo un corazón
- Canción del elegido
- El colibrí
- De la ausencia y de ti
- Ángel para un final
- Gaviota
- Días y flores
- Pequeña serenata diurna
- El necio
- Óleo de una mujer con sombrero
- Quién fuera
- La maza
- Menos mal
- Ojalá
- Casiopea
- Playa Girón
- Te doy una canción
- La canción de la trova
Quiénes lo conocen y lo siguen comprenderán que en realidad el concierto se debería haber llamado: “Todas las canciones que usted jamás pensó escuchar en la voz de Silvio”. Y es que era maravilloso, yo recuerdo (entre las pocas cosas que recuerdo, fue más bien onírico el momento) que Silvio empezaba con una nota y yo le decía al Dani: Canción del Elegido, yaaaaaaaaaa! Y al rato empezaba Silvio: siempre que se hace una historia… O recuerdo decirle al oído, de la ausencia y de ti, yuuuuuuuu! Te imaginas si fuera? y Silvio otra vez: ahora solo me queda buscarme de amante…
Pero la emoción no terminaría ahí, yo, en lo personal. Reventaría en sueños y en esperanzas y la primera lágrima-sonrisa brotaría al oír de la voz del mismo Silvio decirnos: LA ERA ESTA PARIENDO UN CORAZÓN, NO PUEDE MÁS SE MUERE DE DOLOR Y HAY QUE ACUDIR CORRIENDO PUES SE CAE EL PORVENIR. POR CUALQUIER HOMBRE DEL MUNDO, POR CUALQUIER CASA. Luego vendrían más lágrimas, la dulzura de Judith, El día en que voy a partir (mi favorita), el sabor y dureza del Son desangrado, la memoria de la canción del Elegido, la nostalgia de la Ausencia y de ti, la bala de la Gaviota, la entereza inigualable (y su rabia) del Días y Flores, la brevedad y certeza de la Pequeña serenata diurna, el Edgar y El necio, Chagall y la tetralogía en el Óleo de una mujer con sombrero, la canción que suena en colegio con Quién fuera, la percusión y fuerza de La Maza, la emblemática Ojalá, la ternura de Casiopea, la historia de Playa Girón, Silvio de antes y Silvio de ahora. Silvio de siempre en La canción de la trova (aunque las cosas cambien de color, no importa, pasa el tiempo. Si, pasa el tiempo)
Las sorpresas no solo estuvieron en las canciones, en pleno concierto Silvio agradeció a la gente que vino de muy lejos y no pudo menos que divisar nuestras banderas y saludar a Bolivia (ahí explotaríamos en gritos); luego, Silvio haría un paréntesis e invitaría al escenario a una Myriam Quiñones (a nuestra Myriam) nerviosísima, encantada/encantadora que saludaría a la tropa cósmica (ahí todos volveríamos a romper en gritos). Myriam cantó una de Chabuca Granda, una de César Vallejo (musicalizada por Noel Nicola) y para rematar Eva, de Silvio. Para terminar las sorpresas Silvio recitaría “Halt!” de Luís Rogelio Nogueras. Grande Silvio. Lo hicimos salir como 4 veces más, no nos cansábamos de gritar, Silvio se había dado completo en Lima. El público limeño y los extranjeros que fuimos estábamos infinitamente agradecidos.
Al salir emociones, abrazos, comentarios, sonrisas. Todos a la casa de Giova Larco. Tuvimos que tomar combis (minibuses) para llegar hasta ahí, había un montón de trovadores y guitarristas: Myriam, Pablo (Argentina), Piero, Marcos y Américo (Arequipa), Johan (Venezuela), los chamos (Perú y Venezuela), Sergio, Negro y Blanco y el Dani (Bolivia), Carlitos León (Cuba) y muchos más que seguro olvido. Cantamos como hasta las 8 de la mañana, estábamos tan felices.


Bolivia necesita mar (urgente) – Concierto Sin líneas en el mapa.
Al día siguiente aún de chaqui (más emocional que todo) nos embarcamos a la playa, nos encontraríamos ahí con Natalie, Myriam, Gise y Lina, llegaríamos al mar con Dani, Claudia Mendieta (nuestra hermana boliviana adoptada), Claudia Daza, Siro, Lauren, Johan, Sergio, Vero y la Vero Vero. Nos revolcaríamos en el mar como niños, algunas serían ofendidas por este monstruo de sal que a tantos poetas inspira, así la mayoría de las chicas (yo no jeje) nos mostrarían escenas entre graciosas y trágicas que nos harían entender que Bolivia necesita mar y urgente. Con el Dani jugaríamos a ser pajaritos en el mar y nos sumergiríamos en las olas una y otra vez, nos divertimos mucho.
Volvimos en la noche a la ciudad pues debíamos ir al concierto de los Sin líneas en el mapa (Eulogio y Luz) -como habrán leído hasta ahora ya iba una noche que no dormía ni un minuto- así que la mitad de la casa se quedaría a dormir; mi compinche Dani y yo JAMÁS! Así que luego de bañarnos y vestirnos partiríamos al concierto, un vinito, la luz baja, algo de tropa, oír a los Chamos y a Carlitos León. Luego, decidiríamos irnos a casa de Gis, la guitarreada con la luz baja, música argentina: tangos, Sui Generis, algo de Silvio; las risas -que a pesar del cansancio- no se acababan nunca, un roncito y se harían como las 5 de la mañana, el cuerpo demandaría algunos minutos de descanso. Volvimos a la casa, casi casi entre sueños. Acaso todo esto era real? Había demasiado amor en el aire.

Silvio quiero abrazarte tanto – Concierto Negro y Blanco
La rutina de todas las mañanas, desayunar, reír, tocar la guitarra, recordar el concierto, reír y reír y reír madrugadas sin ir a dormir. Terminamos de almorzar y luego de pasear por Lima nos veríamos en el Satchmo, hasta ese entonces era un rumor, en realidad pocos creíamos que podía pasar. Entramos y nos ofrecieron unos bocaditos y un refresco, hacía mucho calor, conversábamos y de repente Myriam nos dice: Silvio está llegando.
Y Silvio llegó. Yo lo había visto en Cuba el 2005 (así de cerquita digo, no?) ahora traía bigote, no podíamos creerlo, estábamos a menos de 5 metros de él, nos sentamos, empieza Myriam. Agradece a Silvio la disposición, presenta a los cantautores, abrazos van, agradecimientos (gracias Silvio), fotos, filmaciones.
Luego los troperos. Uno por uno. Silvio nos espero como 3 horas más o menos. Llegó nuestro turno, yo estaba feliz por el Dani, el Dani estaba nervioso, muy a su estilo le arrancó una risa a Silvio, le regaló el disco del Tigro. Mi turno, no recuerdo bien que dije, pero fue algo como: Silvio, soy Vero Vero y vengo de Bolivia, ya te había visto en concierto en Argentina el 2005 pero quiero agradecerte por este concierto en especial. Pero por sobretodo por haber tocado la “Era está pariendo un corazón” es importante que tú, después de tantos años y con todo lo que pasa en mi país y en todo el cono sur, nos digas que la “Era está pariendo un corazón” porque es la verdad. Gracias. Y regalarte además esta bandera en nombre de muchos bolivianos que siempre te esperamos.
Silvio revisó la bandera con gusto, no permitía que tocará el suelo, me abrazó y me dijo al oído: gracias a ti. Fotos, sonrisas, le dije a la tropabol que se acercará nos tomamos una foto con él. La reunión siguió un rato más, Silvio muy amable y paciente escuchó uno a uno, abrazó uno a uno. Puedo decirle a la gente que dice que Silvio está viejo o que es apático, que se equivocan. Silvio sigue siendo Silvio. Y si bien yo no soy una Silviófila -como varios que conozco- puedo decir que a ese hombre –y más desde Lima- lo respeto. Y si, en varios sentidos, me ha ayudado a ser una mujer mejor.


Bueno, alegría total. Salimos corriendo al concierto de los Negro y Blanco, otro concierto hermoso, los Negro y Blanco gustan mucho, pero mucho en Lima. Disfrutamos de mucha energía, las canciones que conocemos, público repleto, sonrisas. De ahí a la casa de Marce, la despedida: el reventón.
Lo especial de aquella descarga fue la presencia de los Silvio a la Carta que con todos sus instrumentos (flauta, bombo, guitarras y otros) empezaron a tocar Silvio a más no poder, bailamos, cantamos sonreímos. Ese día fué el cumpleaños del hermoso del Billy, mi regalo de este encuentro. Bailamos desde huayños peruanos, hasta ritmos bolivianos, la música no acababa, los brindis. Una pequeña ronda entre los que fuimos compañeros de viaje tantos días, todos los bolivianos y algunos peruanos, las alegrías, los sentimientos, lo hermoso de este sueño. Salud!

Inventario de sentimientos – Hasta siempre Lima.
El viaje de vuelta fue más bien cansado, debíamos dormir, eso no impidió que de rato en rato el Dani nos hiciera reír, llegamos a La Paz.
La tropa, esa locura colectiva, llena de soñadores y utópicos, de magas y hechiceros, de locos o terriblemente cuerdos (como dice el Billy), de sonreidores de profesión y de fabricadores de sueños, de amigos y hermanos. Es, hoy, mi hogar.
Silvio, aquél con el que varias veces he sido critica, es el mismo (con sus comprensibles distancias) muchacho joven que cree en la revolución y que muchas veces aporta a ella (ahora, desde su crítica). Ese muchacho, que cuando yo era muchacha cambió mi vida y me dirigió a casi todo lo que creo, todo por lo que apuesto y por lo que hoy muero. Silvio, te queremos, y es en serio.
Y yo, entiendo –quizás más que cualquier momento- que soy la misma caraluna de siempre. Como alguna vez me describí a mi misma y hoy, gracias a esos días en Lima y a Silvio, se que no mentía.
A pesar de los mares abiertos,
las montañas quebradas
y los ríos hundidos.
De la muerte muerta,
de la lágrima llorando.
Y aunque a veces lo olvide
-o lo niegue-
Parece que siempre soy la misma caraluna
que mastica los sueños
y se bebe la utopía.
La misma mujer-esperanza
que se quema cada día
de tanto vivir la vida
