domingo, mayo 25, 2008

Mayo 68




Cuarenta años. Cuatro décadas. Cuatro. Un suspiro en la historia dirán algunos. La mitad de la vida dirán otros. Los primeros, claro, vencidos, cambiarán moneda por bandera; sabrán defender –obtusos—la realidad. Los segundos, invictos, comprenderán/inventarán la ruta que no se inflexa, por el contrario sucumbe: abruma.



Algunos, los primeros, enarbolarán el otrora camino. Causa perdida. Tema obligado en el café. Otros, los segundos, nostalgiarán y volverán, vuelven. Abren nuevos caminos. Hacen la nueva historia. Persiguen la pista de la nueva gramática. Han encontrado (o siguen buscando) las palabras nuevas para la nueva historia.



Los primeros dicen/gritan el 68 ya fue. Los segundos susurran/obran el 68 que fue y es. Que es aún. Que no dejará de ser. Está siendo.



Para algunos, mayo del 68 les marcó el límite de la vida. Para otros, mayo del 68 la empezó. Acá estamos, más nuevos, más jóvenes, los de siempre (aunque no siempre estuvimos). Quedamos. Llegamos. La existencia de mayo del 68 cambió el curso del mundo. La existencia de mayo del 68, queridos lectores, a mi, simplemente, me cambió/inició la vida.

Y hay días como estos para recordarlo.

martes, mayo 20, 2008

Un




Dado que luego de 26 años, mi reparador de sueños no ha encontrado el camino he decidido publicar una serie de cartas, a ver si me lee en alguna parte del mundo, que si bien llegaron --en su momento-- a puerto intermedio, están clara y esperanzadamente dirigidas a mi puerto final. Empiezo la serie que, a causa de poca originalidad reconocerán sólo por números, todas cartas de madrugada, todas cartas para vos. Y vos, bonito, apurá, soltá esa copa de vino y el libro de González, deja de pensar como solucionar el mundo y ven que te esperamos el gato y yo. Pero no tardes a veces (des)espero demasiado. Llega, voltea a los vientos, hay cuatros formas de que vuelvas, lo dicen los mapas, lo dice mi Pedro. Apurá y volvé, te estoy esperando.

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Querido, vengo levantada del suelo. Tu ya sabes, esa aniquiladora morada: tanto caerse se aprende a vivir en él. Me apresuro a escribirte algunas letras, pues, como siempre, he despertado con una necesidad espantosa de quererte. Y todavía me falta tanto por soñarte que me he resignado a mi deliciosa condena, solo queriéndote voy a dejar de quererte, voy a vaciarme de todo el cariño que me habita. Así que comienzo sin más demora, hoy se ve un día flojo en cosas cotidianas lo cual solo configura un día prometedor para las cosas importantes, he despertado hace como 3 horas, pero todo era desorden y frío, necesitaba recomponerme, el suelo a veces te destruye, ese maldito suelo en el que las manos se paralizan y ni siquiera se puede llorar, sólo dormir. Desperté con ganas de desayunarme una fruta y un café; desayunarme, también, tu sonrisa, con las respectivas comisuras de tu boca, aquellas en las cuales, sin que lo sepas, ya he construido un cuartel general, epicentro desde donde pienso empezar la batalla del amor. Ah, ese día tan esperado. Lo espero desde que tengo memoria, es decir desde hace más de 500 años, con toda la memoria que eso implica. Aunque a veces, te lo confieso, me asusta. Son lindas las esperas pero el momento en que llega lo esperado ya no es cuenta regresiva-esperanza sino solo descuento-final. Todo tiene su límite, su tiempo, incluso nuestro amor. “Uno conserva lo que no amarra” dicen y yo lo creo. Pero, además, porque sé bien que solo se puede amar en la perfección, el resto es otra cosa. Por eso aún no te amo, solo te quiero. Ya llegarán los días de amar, donde seremos inmortales, invencibles, inmutables, la fusión de la perfección. Y de eso estoy segura, lo he soñado tantas veces, y cada vez tiene más textura, me empecinaré en seguirte inventando en mi vida, seguirte queriendo, te voy a demostrar, le voy a demostrar al mundo que puedo inventarte, que puedo bien amarte y hacerte perfecto a través de mis ojos. Porque esa es mi misión en el mundo, entre varias otras, claro. Corro a mis deberes-placeres, tengo algunos fantasmas que combatir y el sol empieza a salir. Hoy me he propuesto un nuevo deber de humanidad, ese estúpido ejercicio que necesito hacer para oxigenar el humano que llevo dentro: voy a arrancar hacia atrás, hoy pienso ver la vida que me fue hace poco apelando/desempolvando la memoria, estoy decidida a no perder más rastros de mi pasado. Y voy a empezar hoy. Te dejo un beso en la vida.

martes, mayo 13, 2008

Silvio

Esta madrugada me puse a ver todas las cosas que tengo de Silvio y me sucede, con él, que ya lo tengo tan inserto en mi (como un dispositivo inmunitario, jé!) que me sucede, a veces, que llevo semanas/meses sin escuchar nada de él. Pero el efecto aniquilador de la memoria que me avasalla cuando empiezan a sonar sus notas es siempre el mismo, sea de día o de noche (en la exterioridad y en mi interioridad) se venga el sol –o el corazón—con sol o con lluvia. Siempre el mismo.

En febrero de 2007 tuve mi tercera oportunidad de verlo en vivo, la primera vez lo había visto sólo en concierto, la segunda vez lo había visto sólo en una charla; aparte de que este concierto y reunión (al día siguiente) era sumamente especial, no tanto por que volvía a Perú después de años sino por qué había tocado todas las canciones de Silvio que usted no pensó escuchar: Gaviota, Playa Girón, Ojalá, el Necio y de las más nuevitas también. Cuando escuché “La era está pariendo un corazón” sonó como nunca en mis oídos, retumbó con fuerza en el corazón. Al día siguiente tenía la oportunidad de decírselo, pongo en el blog el video de ese momento como homenaje al omnipresente e inagotable Silvio.




(la calidad es pésima, el audio está peor y yo hablo como si tuviera una papa en la boca; pero es lo que hay. Después de que se corta el video, verán que, en realidad está censurado, tras la columna que ven él y yo nos besamos jajaja; bueno no tanto sólo nos abrazamos y le regalé una bandera boliviana.)

Post data urgente: Inamoviblemente. Un poco más realista pero no menos joven, sigo pensando que la era está pariendo un corazón.

martes, mayo 06, 2008

Pequeña

(A veces cuando uno menos lo espera, llega la vida y nos abraza.

Y nos devuelve casi todas las respuestas)




Dime como se hace, pequeña,


como se cruzan estos mares

o se curan estos males



como no nos vencemos ante la desesperanza

o esquivamos el cementerio de sueños, esa matanza



o como dejo de platicar con la muerte en las noches

como dejo de intentar matarla entre tantos reproches



como dejo de sabotear a la vida

como diablos se cura esta herida



como me enfrento a los días

con este corazón hecho trizas



como se canta en las mañanas

como se vuelven a abrir las ventanas



y de paso me dices, con un abrazo,

como sacarle la lengua a la apatía.

Y tu sonrisa-mirada susurra:

es tan simple como ver llegar a la agonía

y pegarle un tremendo portazo.