
Dado que luego de 26 años, mi reparador de sueños no ha encontrado el camino he decidido publicar una serie de cartas, a ver si me lee en alguna parte del mundo, que si bien llegaron --en su momento-- a puerto intermedio, están clara y esperanzadamente dirigidas a mi puerto final. Empiezo la serie que, a causa de poca originalidad reconocerán sólo por números, todas cartas de madrugada, todas cartas para vos. Y vos, bonito, apurá, soltá esa copa de vino y el libro de González, deja de pensar como solucionar el mundo y ven que te esperamos el gato y yo. Pero no tardes a veces (des)espero demasiado. Llega, voltea a los vientos, hay cuatros formas de que vuelvas, lo dicen los mapas, lo dice mi Pedro. Apurá y volvé, te estoy esperando.
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Querido, vengo levantada del suelo. Tu ya sabes, esa aniquiladora morada: tanto caerse se aprende a vivir en él. Me apresuro a escribirte algunas letras, pues, como siempre, he despertado con una necesidad espantosa de quererte. Y todavía me falta tanto por soñarte que me he resignado a mi deliciosa condena, solo queriéndote voy a dejar de quererte, voy a vaciarme de todo el cariño que me habita. Así que comienzo sin más demora, hoy se ve un día flojo en cosas cotidianas lo cual solo configura un día prometedor para las cosas importantes, he despertado hace como 3 horas, pero todo era desorden y frío, necesitaba recomponerme, el suelo a veces te destruye, ese maldito suelo en el que las manos se paralizan y ni siquiera se puede llorar, sólo dormir. Desperté con ganas de desayunarme una fruta y un café; desayunarme, también, tu sonrisa, con las respectivas comisuras de tu boca, aquellas en las cuales, sin que lo sepas, ya he construido un cuartel general, epicentro desde donde pienso empezar la batalla del amor. Ah, ese día tan esperado. Lo espero desde que tengo memoria, es decir desde hace más de 500 años, con toda la memoria que eso implica. Aunque a veces, te lo confieso, me asusta. Son lindas las esperas pero el momento en que llega lo esperado ya no es cuenta regresiva-esperanza sino solo descuento-final. Todo tiene su límite, su tiempo, incluso nuestro amor. “Uno conserva lo que no amarra” dicen y yo lo creo. Pero, además, porque sé bien que solo se puede amar en la perfección, el resto es otra cosa. Por eso aún no te amo, solo te quiero. Ya llegarán los días de amar, donde seremos inmortales, invencibles, inmutables, la fusión de la perfección. Y de eso estoy segura, lo he soñado tantas veces, y cada vez tiene más textura, me empecinaré en seguirte inventando en mi vida, seguirte queriendo, te voy a demostrar, le voy a demostrar al mundo que puedo inventarte, que puedo bien amarte y hacerte perfecto a través de mis ojos. Porque esa es mi misión en el mundo, entre varias otras, claro. Corro a mis deberes-placeres, tengo algunos fantasmas que combatir y el sol empieza a salir. Hoy me he propuesto un nuevo deber de humanidad, ese estúpido ejercicio que necesito hacer para oxigenar el humano que llevo dentro: voy a arrancar hacia atrás, hoy pienso ver la vida que me fue hace poco apelando/desempolvando la memoria, estoy decidida a no perder más rastros de mi pasado. Y voy a empezar hoy. Te dejo un beso en la vida.